Toledot

Itsjak pidió a Esav que le trajera comida para luego bendecirlo. Ribká que sabía que las bendiciones les correspondían a Iaakob se enteró de esto y le dijo (Génesis;Bereshit; 27:9): "ve al rebaño, y toma para mí, de allí, dos cabritos y yo haré de ellos alimento"

El Midrash toma esta orden también de manera simbólica y como un mensaje para el futuro: "Ribká dijo, en sentido figurado: ve al encuentro de tu pueblo, que ha sido comparado a un rebaño de ovejas". Una parábola nos aclarará el tema.

Hubo una pequeña nación, rica en bienes naturales, en hábiles artesanos, en comerciantes capaces, pero pobre en medios de defensa. Para peor, estaba rodeada de enemigos que la atacaban constantemente y que, tras cada arremetida, conseguían arrebatarle bienes cuantiosos. Los habitantes de aquella nación, cansados de la situación, se reunieron para fijar líneas de conducta para el futuro. La asamblea resolvió que convenía dejar de trabajar y de comerciar. ¿Para qué seguir esforzándose, cuando de cualquier modo iban a ser despojados de lo que ganaban con tanto sacrificio?

Pero uno de ellos, más inteligente que los demás, opinó: especialmente ahora, en estos tiempos en que corremos tanto peligro, es que tenemos que trabajar más que nunca y obtener la mayor cantidad posible de ganancias. El que nuestros enemigos sepan que poseemos bienes es lo único que nos defiende de la aniquilación total, lo que nos rescata de la muerte a manos de nuestros adversarios.

Buscando la clave entenderemos el midrash: al suponer Itsjak que Iaakob era Esav, se equivocaba. Pero no cabe duda de cuál era su opinión acerca de la conducta que normalmente observaba Iaakob, sabiendo que era justo: ¿por qué no se propuso también bendecirlo? Y hablando ahora de Iaakob: sabemos por otro midrash que cuando se vio obligado a obedecer a su madre se echó a llorar: ¿por qué rechazaba con tanta energía la idea de recibir la bendición paterna? Itsjak conocía la calidad moral de Iaakob. Justamente porque sabía de ella, no quería que este hijo suyo disfrutara de este mundo, ya que este goce, perturbaría al del Mundo que Vendrá.

Pero Ribká pensaba de otro modo. Según un midrash escrito sobre los versículos: " He oído a tu padre que hablaba a Esav diciendo: "hazme alimento para que te bendiga", ella comprendió que Iaakob necesitaba esa bendición, si no para sí, al menos para sus hijos. Sería la salvación del pueblo de Israel, esparcido en todos los rincones de la diáspora, viviendo como viven las ovejas entre los lobos. Mientras los feroces enemigos de la pequeña e industriosa nación; en este caso los gobernadores del país donde residan los judíos;consigan ordeñar su leche, esquilarlas y utilizar su lana, las ovejas están a salvo.

Por eso las palabras del Midrash con que comienza este trozo: "Ve al rebaño";"Ve a su encuentro, salva al pueblo de Israel con tu bendición".