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Hay
que hablar
Cierta persona padecía una extraña enfermedad,
todo le producía risa. Era algo inevitable, siempre
se estaba riendo, era imposible que no haya algo en cualquier
circunstancia que no le produjera risa. Todos los amigos le
reprochaban, se enojaban con él, pero no había
caso.
Tal
era su desesperación, que fue a un Rab a consultar
su opinión.
El Rab, luego de escucharlo, le dijo: fíjate de participar
en alguna situación de llanto o duelo. Con seguridad
algo despertará tus sentimientos.
Buscó
y vio un anuncio sobre un aniversario y fue. Pero cuando vio
que el sombrero del disertante estaba medio torcido, le atacó
la risa. Todos sus esfuerzos por calmarse fueron en vano y
lo echaron del auditorio.
Al
otro día vio pasar a un cortejo fúnebre (levaiá)
y quiso unirse. Lamentablemente hasta la forma de caminar
de cierta persona, le provocó reírse y tuvo
que irse a su casa.
Llegó hasta el cementerio, allí seguro me curaré,
pensó para sus adentros. Pero cuando empezó
a leer en las lápidas, ciertos saludos y alabanzas
que le parecieron fuera de lugar, se echó a reír
sin parar.
Volvió del Rab totalmente desconsolado. ¿Qué
hago?. Ven conmigo, le dijo.
El
Rab llevó a este hombre a una casa al final del pueblo.
Golpearon y al entrar se encontraron con un panorama desolador.
Un hombre estaba tendido en la cama y a su alrededor el doctor
y sus parientes. Todos consternados y lamentándose
casi al unísono con el enfermo.
Se
acercó el Rab y le preguntó al médico:
que el enfermo y sus parientes estén lamentándose,
es comprensible.
Pero, ¿usted también? ¿Acaso no está
acostumbrado a tratar pacientes graves?
Es verdad, contestó el facultativo, he visto cientos
de pacientes al borde de la muerte. Pero esto es diferente.
El enfermo es mudo y paralítico. Sabemos que hay algo
que le duele, pero no sabemos qué, ni qué síntomas
tiene. Él, lamentablemente no nos lo pude indicar.
Por ello me lamento. Quiero ayudarlo y no puedo, ni se cómo.
Recién en ese momento, nuestro "enfermo de risa"
se curó y unas lágrimas brotaron de sus ojos.
Todos
queremos que finalice el año y sus problemas. Cuántos
días amargos pasamos, enfermedades, corridas, etc.
No es fácil decir si el año fue 50% bueno y
50% lo contrario, o hubo más de lo segundo.
Pero todo puede mejorar, solo hay un camino, la Teshuvá,
el arrepentimiento verdadero. Pero para ello hay que señalar
el lugar del dolor. Hay que confesar e individualizar la falla,
la equivocación. Hay que tomar conciencia de lo que
hay que cambiar y ponerlo en práctica. Sólo
así se cumplirá el deseo: "Comience el
año y sus bendiciones"
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