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- Haciendo las cosas con amor...
Uno
de los deberes del sirviente del Rabí de Rymanov era
hacer su cama, y nunca permitía que nadie la hiciera
en su lugar. Cuando el Joven Tzví, dejo la sastrería
y fue tomado un empleo en la casa del Rabí como fogonero,
le pidió al sirviente que le dejara hacer su cama;
pero éste se negó, diciendo que el Rabí
sin duda notaría que otra mano había realizado
el servicio. Una vez, sin embargo, el sirviente fue llamado
fuera de la casa antes de la noche, por lo que transfirió
sus obligaciones a Tzví, el joven fogonero, a quién
dio detalladas instrucciones sobre cómo debía
hacer la cama.
Al
día siguiente cuando el Rabí se levantó,
llamó al sirviente y le preguntó quién
había hecho su cama. Temblando, el sirviente contestó
y pidió perdón. Sin embargo, el Rabí
solo atinó a decir las siguientes palabras: "No
sabía que se podía dormir tan dulcemente. Desde
ahora, el fogonero ha de hacer mi cama...".
Está
escrito en el versículo: "Amarás a tu prójimo
como a ti mismo". (Levítico 19:18) El concepto
de 'amor al prójimo' debe ser interpretado en todo
aspecto y sentido; en la acción y también en
el pensamiento. Haciendo las cosas con amor, nuestro entorno,
poco a poco cambiará e irá tomando otro color.
"Amarás
a tu prójimo como a ti mismo", es el precepto
a través del cual se nos ordenó al pueblo de
Israel, en nuestra sagrada Torá, a amarnos mutuamente
(en forma colectiva) de la misma forma que nos amamos a nosotros
mismos (en forma individual); que mi amor y compasión
por una persona sea como mi amor y compasión propios;
lo mismo hacia su dinero, su cuerpo, todo lo que posee y todo
lo que desea. Todo lo que yo quiera para mí, he de
querer para él idénticamente; y todo lo que
no quiera para mí ni para mis seres queridos, lo mismo,
no desearé para mis semejantes.
Como
hemos analizado en números anteriores, el hombre posee
lo que se denomina 'Tzelem Elokim'. Dice el Talmud: "Preciado
es el hombre, pues ha sido creado a imagen y semejanza de
Di-s" dicen nuestros Sabios en el Tratado de Abot (3:18).
Por lo tanto, analizándolo bien, podemos decir que
es muy delicado cometer una infracción contra nuestro
semejante. Nuestros Sabios dicen: "Aquella persona que
se enaltece a sí mismo, a expensas de su semejante,
no tiene parte en el mundo venidero". (Talmud Jerosolimitano,
Jaguigá 2:1)
El
hecho de mostrar respeto y amor por las personas, demuestra
que tenemos respeto y amor por la imagen del Creador. No en
vano nuestro Sabio Hilel, le dijo a aquella persona que quería
convertirse al judaísmo: "Lo que no te gusta que
te hagan a ti, no se lo hagas a tu compañero"...
esa es la esencia de TODA la Torá, y el resto, es una
explicación de esta consigna, ve a estudiarla. Años
más tarde, Rabí Akiba, inmortalizó la
frase: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo,
es la GRAN REGLA de la Torá.
Por
último, es importante aclarar que este amor debe ser
totalmente incondicional, es decir, independiente de todo
factor ajeno a él. Y en este sentido, encontramos que
dice el Talmud en el Tratado de Abot (5:16): "El verdadero
amor, es aquel que no depende de nada; como el amor entre
David y Yonatán". En este caso de nuestra historia,
en el que estudiamos la disposición para todo sacrificio
personal en beneficio de un semejante, constituye un ejemplo
del amor altruista, pues Yonatán (hijo del Rey Saúl)
estaba dispuesto a abandonar su derecho al Trono de Israel
en virtud de su amor hacia su compañero David quien
en el futuro fue rey de Israel.
Estas
porciones de Torá del Génesis, rebalsan de amor
al prójimo. ¡Quiera Hashem que la unión
entre las personas sea el motivo de la llegada del Mashiaj!
(Ariel)
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