En nuestra Perashá esta relatada la búsqueda por parte del Eliezer, el sirviente de Abraham, de una esposa para itzjak. Luego de todas las señales y encuentros, Ribká viaja con Eliezer para encontrarse con Itzjak.
Al llegar, Eliezer le relata al hijo de su patrón, todo lo que le sucedió. Que el viaje se le hizo más corto de lo normal, o sea el milagro del achicamiento del camino. Que luego de sus rezos, se presentó justo Ribka que era de la familia, tal cual lo requerido por Abraham. Que esta, respondió a todas las consignas, demostrando un grado de entrega y amor al prójimo superlativo, etc.
Itzjak, aún tenía que hacer otra prueba para estar seguro. La llevó a la carpa de su mama Sara, y allí todo se confirmó. ¿Qué sucedió allí? Los tres milagros que a día a día acaecían con Sara y se habían interrumpido con su fallecimiento. Estos, regresaron al entrar Ribka a la carpa. ¿Cuáles eran? La vela de Shabat, se mantenía encendida de Shabat en Shabat. Todo amasijo rendía más de lo normal. Una nube, estaba como sujetada sobre la carpa, demostrando la presencia de la Divinidad. Con estas tres señales, Itzjak ya no tuvo duda alguna y se casó con ella…
¡Qué insospechables son los caminos del Creador!
Hace un tiempo atrás vivía en Estados Unidos un joven judío, hijo de padres totalmente alejados al judaísmo. Este joven, creció como tal, un joven sin nada de relación con el judaísmo de sus antepasados. Sólo una cosa lo mantenía unido a esta cadena milenaria. Cada shabat por la noche solía ir a la casa de su abuelo y compartían juntos el kidush de la noche. De todo lo vivenciado en esos momentos, algo siempre le resultó simpático y atrayente: el momento en que su abuelo entonaba el Eshet Jail. (Este es un capítulo del libro de Proverbios escrito por Salomón el rey, en el cual destaca y alaba a la mujer judía. Resalta sus virtudes y la sitúa en la cúspide de los valores judaicos. Como así también la transforma en la principal responsable del hogar, con sus decisiones y sacrificios)
Paso un tiempo y su abuelo falleció, perdiendo así, lo único que lo unía al judaísmo. A pesar de ello tomó una decisión. Cuando me case, yo también haré el kidush de Shabat.
Así fue, que aún al haberse casado con una mujer no observante como el, cumplió con su promesa de no dejar de hacer el kidush, cada viernes por la noche. Todo lo hacia de memoria y casi no sabia la traducción de lo que decía. Para peor, sólo recordaba las primeras palabras del Eshet Jail con la dulce melodía que solía entonar su abuelo.
Su mujer le preguntó si sabía el significado de lo que decía. A lo que este le respondió: "sólo recuerdo que así comenzaba el cántico que entonaba mi abuelo, más no se. La mujer se dijo a si misma: con seguridad los Iehudim ortodoxos de Boro Park, deben saber el texto completo de esta canción y su significado.
Así entonces fueron a una librería y le pidieron al empleado: estamos buscando un cántico que comienza con las palabras, Eshet Jail mi imtza"
El vendedor entendió de inmediato a que se refería y les acercó un libro de Tefilá con traducción al inglés, mostrándoles la página del kidush y el Eshet Jail.
Llevaron el libro a la casa y luego que la mujer leyó la traducción del Eshet Jail con detenimiento, le dijo a su marido: si así se refiere el judaísmo a la mujer, ¡yo quiero conocerlo!
Se anotaron en el primer seminario de Erajim para el esclarecimiento del judaísmo y hoy ya son una pareja observante...
La fuerza de la mujer. Es por ello que sabia itzjak que sólo si Ribka, logra el nivel de Sara su nadre, tendrá la fuerza para continuar lo comenzado por Abraham, su padre.
De ella depende