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FORUM - El pueblo, unido...
En
la porción semanal de la Torá que leeremos esta
semana nos dice: "Esto darán: todo el que sea
censado, medio Shekel (siclo) del Shekel sagrado... medio
Shekel como ofrenda para el Eterno. Los ricos no aumentarán
y los pobres no reducirán el medio Shekel: darán
la ofrenda al Eterno para expiar por vuestras almas".
El
precepto de aportar medio Shekel al Santuario a través
del censo, dicen nuestros Sabios, vino a expiar por el pecado
del becerro de oro. Para entender correctamente la relación,
vamos a recurrir a una narración con origen en la Torá
oral.
El
Talmud relata la historia de dos hermanos que vivían
en las laderas opuestas de una montaña. El más
joven estaba casado y tenía una familia numerosa. El
mayor, nunca se había casado y vivía solo. Cada
noche, el hermano soltero solía despertarse a una hora
avanzada y silenciosa, juntaba un atado de maíz y lo
cargaba hasta el otro lado de la montaña para su hermano.
Se decía a sí mismo: "Mi pobre hermano
tiene tantos hijos y tantas exigencias sobre sí y tan
poco sustento. Por lo menos lo voy a ayudar atenuándole
de algún modo tanto peso, dándole parte de mi
porción". El hermano casado también se
levantaba en medio de la noche y transportaba un atado de
maíz a la choza de su hermano soltero. Pensaba: "Mi
hermano vive solo, sin nadie que lo ayude ni le alegre el
corazón. Por lo menos le voy a aliviar la soledad dándole
sustento extra. Quizás de esta forma se alegre su corazón".
Cada
mañana cuando los hermanos se levantaban, se sorprendían
al ver que la pila de maíz no había disminuido
durante la noche. Esto continuó durante años.
Fue entonces, que una noche, los hermanos se encontraron sorpresivamente
cuando cruzaban la montaña con los atados de maíz.
Se miraron asombrados, sin poder creer lo que veían.
Y de pronto, entendieron lo que sucedió. Se abrazaron
con una emoción muy profunda, mientras cada uno reconocía
el sacrificio del otro en el secreto intercambio que se había
llevado a cabo durante años. Cuenta el Talmud, que
cuando Di-s dirigió Su mirada hacia esa montaña
y vio el amor de esos hermanos, decidió construir nuestro
Sagrado Templo en ese mismo lugar.
Ahora,
se puede entender mejor la relación entre el aporte
del medio Shekel al Santuario, y la expiación por el
pecado del becerro de oro. La unión del pueblo es causante
de una mayor cercanía de la Divinidad de Di-s. Cuando
todo el pueblo se asocia en el mismo precepto y aporta en
la misma medida; cuando el rico no aumenta ni el pobre disminuye
y con ese dinero se pone en funcionamiento el servicio dentro
del tabernáculo, esta actitud provoca que la Divinidad
pose dentro del pueblo de Israel.
El
pecado del becerro de oro, que en esencia representa a la
idolatría y al alejamiento de Di-s, se expía
a través del aporte y el trabajo mancomunado de todo
un pueblo unido por una sola causa: Acercarse y acercar a
Di-s.
La
alegría inicial por la llegada del mes de Adar, tal
como explicamos la semana anterior, se debe al hecho de poder
descubrir en lo más recóndito de nuestro ser
la fuerza, la habilidad y la inspiración para hallar
a Di-s en todo momento; aún en los más difíciles.
De eso se trata Purim. Si es así, qué mejor
para prolongar esa alegría que aunar fuerzas entre
todos... qué mejor receta para la salud de nuestro
'pueblo' que aportar cada 'uno' como individuo lo mejor de
sí mismo.
Por
la montaña de la vida subimos y bajamos... con la esperanza
de encontrarnos alguna vez y estrecharnos un abrazo fraternal.
Será ese el momento en el que Di-s, al vernos juntos,
decida construir el templo por tercera vez y para siempre...
Amén!
(Ariel)
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