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A modo de ejemplo y como parábola, el Rab Abraham
Jajam, dice:
Había una vez un rey, que al alcanzar sus 50 años
al frente del reinado, quería hacer una fiesta para
todos sus súbditos. También se organizarían
diferentes actos públicos durante todo el mes aniversario.
El ministro encargado de la organización de la fiesta,
se reunió con sus colaboradores para preparar un programa
que sea de gran agrado del rey.
-¡Tiene que ser una fiesta inolvidable! Anunció
el ministro.
Así pues, cada uno de los ayudantes se encargó
de un aspecto de la fiesta. Uno de la comida, otro de la música,
el tercero de la decoración, y así en adelante.
El
ministro, tomó sobre sí preparar la sorpresa
de la noche. Pensó, pensó, hasta que decidió
hablar con el joyero más importante del reinado, para
preparar un regalo acorde a la celebración. Este le
aconsejó hacer una nueva corona con diferentes piedras
y con una piedra principal, debía esta ser del tamaño
de una nuez, de color rosa y con forma de pera. Esas tres
condiciones eran irremplazables.
El
ministro aceptó de inmediato la idea y luego de la
aceptación del rey para el presupuesto, se dedicó
exclusivamente a buscar la piedra. Pero cuan grande comenzó
a ser su desesperación, cuando se percató que
era imposible conseguir en el reinado una piedra así.
Decidió pues, viajar a otros reinados y consultar con
reyes y grandes comerciantes de piedras preciosas… Uno a uno
de los consultados, le respondía negativamente, nunca
habían visto una piedra con esas características.
Luego
de unos días más de búsqueda infructuosa,
decidió el ministro volver sobre sus pasos y ver si
el joyero real tenía otra idea sobre la corona real
y la principal piedra.
En su último intento se dirigió a un último
reinado y allí, para su asombro y alegría, sí
encontró la piedra que tanto estaba buscando. Claro
que este rey no la quería vender por ningún
precio.
Muchos contactos, regalos y una suma millonaria, tuvo que
dar el ministro para que el rey aceptara venderle la piedra
deseada.
Con inmensa alegría volvió al reinado y le acercó
la piedra al rey. Este cuando la vió, le preguntó
al ministro: ¿Quién me asegura que es auténtica?
A mi entender brilla mucho para ser legítima!?... Propongo
que se haga una prueba. Es sabido que si es una piedra preciosa,
con fuego se derrite. Pero si es de vidrio, no se altera.
¿Quién va a hacer la prueba?
Los
ministros presentes no se atrevían a aceptar la pruba
propuesta. Si la piedra se desase, se perderá todo
el dinero invertido y todo el esfuerzo dedicado.
El clima era muy tenso… hasta que el ministro encargado de
la fiesta, que fue el que viajó por todos los reinados,
para buscar la piedra, tomó unos fósforos y
al acercar el fuego a la piedra esta se derritió, comprobándose
que la misma era auténtica, sólo que ahora ya
no había piedra…
¿Qué hiciste? le gritó el rey al unísono
con los demás ministros presentes. ¡Ya no tendremos
la piedra que tanto esfuerzo costó conseguir!
Mi
estimado Rey, respondió el ministro con gran tranquilidad,
todo mi esfuerzo tenia una única finalidad, complacer
al rey y hacer su voluntad. Ahora su voluntad era tomar el
fósforo y probar la autenticidad de la piedra. Pues
eso hice, yo sólo busco cumplir los deseos de su majestad…
El rey muy emocinado le dijo: ¡Ve y busca una nueva
piedra, esta se llamará con tu nombre!
El
Rey comprendió el mensaje y muy excitado se levantó
de su trono y abrazando al ministro le dijo: ¡es un
placer tener súbditos como tu!
Moshé Rabenu, rompe las tablas de los diez mandamientos
El tema principal de la perashá de esta semana es sin
duda alguna, el becerro de oro y la ruptura por parte de Moshé
Rabenu de las tablas con los diez mandamientos. ¡Cuánto
esfuerzo dedicó Moshé para llegar a este momento!
¡Toda la salida de Egipto tenía como principal
finalidad, llegar a este lugar y recibir esas tablas! ¡La
designación de Moshé Rabenu comenzó con
estas palabras del Todopoderoso!: ¡Cuando salgan me
servirán en este monte!
Toda
esta expectativa, se esfumó en un instante. Moshé
Rabenu baja del monte de Sinai, después de estar 40
días sin comer, beber, ni dormir, para reencontrarse
con el pueblo. ¿Y qué ve? ¡Casi todos
están adorando al becerro de oro! No dudo ni un instante
y comprendió que la voluntad divina era, romper las
tablas. No tomó en consideración todo su esfuerzo,
ni dedicación. Sólo tuvo delante de él,
la voluntad de hacer la voluntad de D"s.
El
Todopoderoso le manifestó su aceptación y le
ordenó subir nuevamente al monte de Sinai, para recibir
otras tablas. Y no sólo eso, la Torá esta en
su nombre, como dice le versículo: "Recuerden
la Torá de Moshé mi siervo"
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