Los mashalim

La Torá es la columna vertebral del iehudí. Mejor dicho, su vida. Por ello, escribe el Maimónides que la persona esta obligada a estudiar Torá, hasta el último día de su vida. Como así también hay que saber, que no hay diferencias entre un rico y un pobre, sano o enfermo, todos están obligados a estudiar Torá y fijar momentos para ello.
Siendo así, le dedicaremos varios números de esta sección, para citar diferentes anécdotas y parábolas que el Rab Shebadron Z"l, disertó al respecto. De esta forma podremos revitalizar el estudio de la Torá, al destacar su inmenso valor.
Había dos Rabanim llamados Rabí Shelomo Iger Z"l y Rabi Zalman Puznar Z"l, que eran dos grandes eruditos de su época. Su manutención provenía de hacer trabajos de construcción para el gobierno.
En cierta oportunidad pudieron acceder a un contrato importante, para construir parte de la muralla del reino. Sucedió que varios de los empleados que estaban bajo su jurisdicción, cometieron una estafa en la compra de materiales y los inspectores del gobierno lo descubrieron. Por ser sus empleados y empresas contratadas, la acusación recayó sobre los dos Rabanim. El tema era muy serio y podían ser condenados hasta con prisión.
Rabí Zalman fue hasta la casa de rabí Shelomo, para debatir juntos que estrategia encarar, en vista de la acusación formal que eran víctimas. Luego de varias horas y ya entrada la noche, no habían podido encontrar una virtual solución al problema.
Muy preocupado se despidió rabí Zalman de rabí Shelomo y se fue a su casa. Sólo que aun en su casa, no podía evitar de pensar en el tema. Al cabo de un buen rato, decidió regresar a la casa de rabí Shelomo para seguir discutiendo sobre el tema.
Grande fue su alegría al acercarse a la casa de rabí Shelomo y ver que aun había luz en el comedor, señal de que todavía estaba despierto. Seguramente le pasa lo mismo que a mí, debe estar pensando en el tema y no puede irse a dormir, se dijo para sus adentros. Golpeó la puerta un par de veces, pero nadie se levantó a abrirle. Un poco preocupado abrió el mismo la puerta y lo que vio lo dejo atónito: En la mesa del comedor estaba rabí Shelomo sentado estudiando con tal concentración, que no escuchó ni los golpes de la puerta...
Rabí Shelomo, ¿cómo puedes estudiar con tanta concentración, inmersos en el problema y el sufrimiento en que nos encontramos?
Rabí Zalman, no estudiar, es un sufrimiento más doloroso aun...