El pacto de las partes

Uno de los episodios relevantes de la perasha de esta semana, es el referido al pacto de las partes, que hizo el todopoderoso con nuestro patriarca Abraham. Allí en sueño de profecía le dijo que su descendencia, será esclavizada 400 años, en una tierra que no es la de ellos y que luego saldrán con una gran riqueza. Esto se refería a la esclavitud en Egipto y a su posterior liberación del mano de moisés. En lo que a la riqueza se refiere, al salir de Egipto pidieron prestados de los egipcios objetos de oro y plata, que luego llevaron consigo. Siete días mas tarde al cruzar el mar rojo y hundirse allí los egipcios, el mar les devolvió una gran riqueza que cargaban los soldaos egipcios, adornando sus armaduras y sus carruajes de guerra. El mar depositó en la orilla, delante de nuestros antepasados, los cuerpos inertes de los egipcios, mas sus carros de guerra, para que pudieran tomar el botín.
Pregunta el Rab Iosef Jaim, el Ben Isha jai, ¿por qué debían recibir una riqueza en compensación del trabajo, si la esclavitud era un decreto divino? Y si vamos a contestar que esto se debe a que los egipcios endurecieron las condiciones de la esclavitud y trabajamos mas de lo normal, justamente por este motivo salimos a los 210 años y no a los 400, ya que 210 correspondieron a 400 por su dureza! Responde que salimos de Egipto antes del tiempo indicado no por el duro trabajo realizado, sino por que al ser los Iehudím un pueblo tan numeroso, el trabajo de millones de personas en 210 años, correspondió a 400 años. Por lo tanto recibimos la riqueza como compensación al trabajo duro.
Pero cabe entonces preguntar, ¿por qué debían pedir los objetos en calidad de préstamo, si nos correspondía por el excesivo trabajo y por la promesa de que "saldrán con una gran riqueza?" ¿Deberíamos haber llevado la riqueza de manera absoluta y directa?
El Rab contesta con una parábola: había una vez un gran millonario que paseaba por la ciudad junto a su pequeño hijo. Inesperadamente, un borracho se le acerco y tomándolo de su fino saco le dijo a viva voz: ¡este saco es mío! ¡Ladrón, devuélvemelo ya! ¡Ladrón, ladrón!..
El millonario reaccionó de inmediato y le dijo con toda tranquilidad: "es verdad que es tuyo, pero... ¿acaso no te recuerdas que me lo prestaste por unos días? Ya te lo voy a regresar, no te preocupes..."
El borracho se tranquilizó y pudieron seguir caminando con normalidad.
El hijo, que vio y escuchó todo el episodio le pregunta al padre ¿por qué le dijiste que el te facilitó el saco, si en verdad es tuyo y no de él?
Muy simple querido hijo, si le negaba su reclamo, no se iba a calmar más. Así, hoy se calmó rápido y cuando se le pase la borrachera, tendrá vergüenza hasta de mirarme, ya que en ese momento no tendrá dudas que el saco me corresponde...
Lo mismo sucedió con los egipcios al momento de la inminente salida de los Iehudím de Egipto. Aún en ese momento pensaban, que los Iehudím les correspondían y por ende no merecían pago alguno. Por lo tanto, para que se los dieran sin problemas, debían los Iehudím pedirles los objetos, en calidad de préstamo. Luego recapacitarían asintiendo que en verdad, les correspondía a los Iehudím toda esa riqueza por la dura esclavitud a la que fueron sometidos.
Rescata el Rab Hadad de esta respuesta una gran reflexión. 210 años pensaron los egipcios que todo estaba bien. Podían esclavizar, asesinar, torturar e infligir todos los sufrimientos posibles sobre el pueblo de Israel, sin inconvenientes. No hay ni habrá, juez ni juicio al respecto. Podemos hacer lo que queramos, este pueblo nos pertenece.
Pero el todopoderoso tenia un plan fijado, el cual se cumplió con exactitud. Y cuando llegó el momento correcto, pagaron como correspondía con las 10 plagas, un gran sufrimiento y con la gran riqueza que tuvieron que proporcionarles.
Esto nos enseña que el Todopoderoso no consiente, ni olvida. El pago, la recompensa y el castigo, llegan con precisión y en el momento adecuado. Todo en su preciso momento.