¡Y la sacaron del pozo!

Era tal vez un día soleado de aquel verano, hace aproximadamente 3532 años. Claro esta que era un día como todos. La ciudad cumplía su rutina diaria, con sus mercaderes de un lado a otro, los soldados patrullando las calles como de costumbre y cada mujer en su casa realizaba sus tareas diarias con mas o menos ganas que el día de ayer, sin que esto significara salirse de la rutina, de lo cotidiano y hasta podríamos decir, aburrido. Los artistas esforzaban sus sentidos como siempre, para crear nuevas obras que sean del gusto de los nobles de la época.
Egipto de entonces, el imperio egipcio con todo su esplendor, hacia un día más en su vida. La cárcel egipcia, no era la excepción. Allí seguramente cientos de personas, ladrones, criminales, presos políticos, esperaban por su suerte con gran incertidumbre. No eran estas, lugares que inspirasen esperanza de libertad, como así tampoco lo eran las leyes del momento, que siempre dependían del estado de humor del faraón o de alguna influencia...
Entre todos esos presos, se encontraba Iosef, el hijo de Iaacob Abinu. Allí llego por un falso testimonio de la esposa de su patrón... ¿qué se podía esperar?... Hacia ya varios años que los días transcurrían siempre iguales sin esperanza alguna... ¿moriría allí?, Quien sabe. De hecho eso era lo que le sucedía a la mayoría y no mejor suerte podía esperar un esclavo como el...
Sólo que... hacía dos años exactamente, una pequeña luz encendió la llama de la esperanza. El ministro de la bebida del faraón, por una falta relativamente pequeña, una mosca se encontró en el vaso de vino del rey, fue puesto en la misma cárcel que el ¿Qué le pasará, morirá allí? No, todo su oscuro panorama cambia de la noche a la mañana. Si, un sueño cambió todo.
Iosef estaba allí, justo en el momento adecuado, para anunciarle que el sueño no era otra cosa que, el presagio de su liberación.
¡Por favor recuérdame delante del faraón...! Fueron las palabras de Iosef, que no recibió ese día nada, como pago de la buena noticia, que efectivamente en tan sólo tres días se cumplió, con una exactitud profética...
Pero... los días pasaron y Iosef cayó en la cuenta, de que este ministro lejos estaba de recordarlo... Si es que recapacitó sobre su situación habrá dicho: ¿D"s, y ahora qué? ¿Ya no saldré de aquí? La situación era desesperante.
El tiempo transcurría y no se avistaba ninguna posibilidad de libertad. De la ultima, ya pasaron como dijimos, dos años, que se suman a los ya muchos que purga en este pozo egipcio infrahumano...
Pero allá afuera, tal vez no muy lejos, en el palacio real algo se estaba moviendo. En el tiempo exacto que D"s dispuso, algo sucedió. El faraón tiene dos sueños que nadie sabe explicar. Uno tras otro los sabios, brujos y hombres de ciencia de la corte dan su explicación, pero esta no lo satisface... Es justo allí que el ministro de la bebida "recuerda", que hace dos años también el tuvo un sueño que no comprendía y un joven hebreo, esclavo, le dio la explicación que se cumplió al pie de la letra...
El faraón no demora su decisión ni un instante. Así súbitamente se abre la puerta de la celda de Iosef y es llevado sin explicación alguna fuera de ella. ¿Qué me harán? ¿Habrá llegado mi hora? Tal vez pensó Iosef...
¡No, No! Nada de eso lo llevan a bañarse, le cortan el pelo bien prolijo, le quitan la ropa de esclavo y con ropas decentes lo llevan a toda prisa, ¿adonde? ¡Al palacio del Faraón! Mármoles, pisos resplandecientes, y todo el lujo del mundo pasa delante de sus ojos, camino al su encuentro real.
Al fin, ya delante del faraón, este le relata el sueño y Iosef se lo explica tal cual correspondía. El faraón lo nombra su virrey y todo el imperio se arrodilla a sus pies. ¡Viva el rey y viva su segundo! Eran los gritos de la multitud que lo vitoreaban. Ha llegado el salvador de Egipto, le dijo el faraón a sus ministros y a todo su imperio...
Esto es sólo parte del relato pormenizado que nos da el Sefer Haiashar". Pero lo que sí podemos guardar como mensaje, es que todo esto fue descrito por la Torá, con una gran finalidad, prepararnos para la próxima gueula, salvación.
Sí, estamos todos como Iosef en ese pozo egipcio. Esta diáspora que no parece tener fin. Un sufrimiento tras otro aparecen y nosotros debemos seguir.
Pero debemos saber que aunque los días transcurren con aparente total normalidad, algo se esta moviendo. Sin que lo sepamos o notemos, cada acción positiva nos acerca a ese momento que tanto esperamos. Cada Tefilá, Tefilín, Kidush, Shabat se suma a la gran cuenta del pueblo de Israel. Cada palabra de Torá que se estudia, cada joven que se re-encuentra con su judaísmo, cada niño que ingresa a una escuela judía original, donde se respetan los preceptos de la Torá tal cual nos fueron dados en el monte de Sinai, no pone un paso mas cerca de la salvación final, la tan ansiada gueula.
Si, no hay que decaer, precisamente como le sucedió a Iosef, de repente y sin aviso alguno, escucharemos la voz del Shofar del Mashiaj, que nos juntará y nos llevará a la tierra de Israel, pronto en nuestros dias. Amen