Especial El Diluvio y el arca de Noaj

El Pueblo de Israel se ha destacado siempre por su gran sensibilidad hacia los problemas de todos los demás Iehudím. Cuanta piedad y beneficencia, ha destacado el Pueblo de Israel por todos los tiempos.
Nuestros abuelos nos cuentan sobre incontables demostraciones de ayuda al prójimo, recibir visitas e invitados. ¡Cuánta solidaridad brota ante la alegría y el dolor ajeno! Se sentía en carne propia todo lo que le sucedía al vecino más cercano.
¿Y hoy como estamos? Pongámonos la mano en el corazón y convengamos, que ya no es lo mismo que nos contaban nuestros padres y abuelos. Aquellas anécdotas donde compartían hasta el baño, ya no existen.
Lamentablemente hoy, cada uno esta encerrado en sí mismo, en su casa y se torna cada día más egoísta. Parece que sólo vivimos para nuestras familias. Gracias a D"s no es una actitud absoluta y totalitaria, de lo contrario no podríamos vivir. Pero el peligro que así se transforme esta latente y el problema va en crecimiento. ¿Dónde esta lo dicho por los Sabios que todos los Iehudím son amigos, están unidos? ¿Acaso no podemos al menos en algunas ocasiones, tener una palabra de aliento y aliciente para el necesitado de ella?
La respuesta la da el Rab Iosef Caro Z"L. El pregunta: ¿Por qué el castigo de aquella generación tan perversa, fue el diluvio que sumergió a todo el mundo bajo el agua?, ¿Qué necesidad había de que el agua cubra hasta las montañas más altas?
¿Si los hombres pecaron, podían fallecer y recibir su castigo de otra forma, sin involucrar a todo el mundo?
La respuesta es muy profunda y comprometedora: el pecado, la falta a la orden de D"s, perjudica y envenena el mundo. Arruina su aire y todo lo que esta en él. Si los pecados son muchos, se torna casi imposible respirar, llegando hasta la asfixia espiritual. En la generación del diluvio, todo el aire estaba contaminado, en el aspecto y sentido espiritual, era imposible vivir. Por lo tanto no había otra alternativa, que sumergir al mundo entero para purificar el aire.
Por ende podemos decir que en verdad, somos como nuestros antepasados. Nuestros corazones son calientes y sensibles por naturaleza. Eso lo heredamos y lo tenemos en nuestra sangre. Pero el medio ambiente nos condiciona e influye negativamente. El ambiente tan frío y hasta helado que nos rodea, no nos deja reaccionar. Estamos inmersos en el mundo de plástico y lo descartable, donde pareciera, ¡qué también las personas son desechables, prescindibles y para ser usadas sólo una vez!
Sólo hay una opción, escaparnos al arca de Noaj. Escaparnos al menos una hora por día al Bet Hakneset, para hacer Tefilá y participar de algún curso de Torá. El ambiente cálido y espiritual que allí reina penetrará en nuestros corazones y nos devolverá la sensibilidad y el calor perdido. Podremos recuperar lo que muchos llaman la "Mística Iehudí".
No olvidemos lo dicho por el Rey David en sus Salmos: "Pues es mejor un día en tus atrios que mil fuera de ellos..."