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¡Acércate y verás!
Comenzamos el Sefer de Shemot, el segundo de la Torá.
Con el, se abre un nuevo y trascendental capitulo, en la historia
del pueblo de Israel. La esclavitud, las 10 plagas, la salida
de Egipto, la entrega de la Torá, etc.
Todos sucesos y milagros mejor dicho, que continúan
hoy influenciando y marcando el rumbo de nuestro pueblo.
También hay algo que se destaca por encima de todos
los acontecimientos y es la figura de Moshe Rabenu.
El comienzo del libro de Shemot, marca su nacimiento y el
final de la Torá, el fin de su misión.
El midrash nos dice que antes de nacer ya había una
certeza, entre los astrólogos y sabios egipcios, de
que era inminente el nacimiento del salvador de Israel. No
sabían quien seria, pero no había dudas de que
seria de los judíos.
El pánico cundió por toda la corte egipcia.
Estaban en juego millones de esclavos. El futuro era sombrío.
Hasta que alguien dio una idea magistral", la misma que
surgiría lamentablemente cientos de veces más
a lo largo de la historia judía, "matemos",
"asesinemos", "exterminio", "solución
final". Esta vez solo incluirá a los niños
que nazcan de hoy en adelante. No habrá más
salvador, el río Nilo se lo devorará. Como siempre
la idea fue celebrada y ejecutada de inmediato. Es mas, prevaleció
sobre otras soluciones.
Así fue con un dolor inmenso e incomparable, miles
de mamas se vieron obligadas a arrojar sus niños al
Nilo.
Pero algo diferente sucedió. En la casa de Ambram nació
un niño, siete-mesino el. La casa se llenó de
luz, cuando su madre lo trajo al mundo, precisamente en su
hogar como se acostumbraba entonces. Algo más les llamó
la atención, nació con el mila en su cuerpo.
Todo indicaba que había que preservarlo, por todos
los medios.
La decisión se tomo de inmediato. Primero se lo esconderá
hasta que cumpla los nueve meses, ya que antes no lo vendrán
a buscar. Luego, le armaron una canasta que pudiera flotar
en el Nilo, y su hermana Miriam, lo dejaría allí,
observando que le sucede. De algo estaban seguros, ellos no
lo matarían…
Así fue que la mismísima hija del faraón
lo rescató del Nilo, llevándolo a su casa como
un hijo. Sin saberlo, el faraón y todo el imperio,
cobijaron al mismísimo Mashiaj de Israel.
Su destino estaba fijado. Pero sólo 80 años
después se vio la luz. Antes, no era el momento…
El llamado divino lo encontró siendo pastor de Itro
su suegro. Sin saber porque, se aleja de su lugar y llega
al monte de Sinai, sin imaginar lo que vendrá. Allí
ve, en lo alto de la montaña, un arbusto que arde y
no se consume…
-¿Qué extraño fenómeno, por que
no se consume? Me voy a acercar para ver más de cerca
que sucede…
Estando al lado de la zarza ardiente, D"s se le presentó
y le dio la orden de ir a salvar al pueblo de Israel…
Dijo Rabi Iojanan: "cinco pasos caminó Moshe para
acercarse", Rabí Simón Ben Lakish dice:
"sólo volteo su cara para observar"
D"s no lo llamó directamente, sólo espero
que fuera curioso para ver.
Por ende, si Moshe hubiera sido haragán o dejado y
no se hubiera acercado, no hubiese sucedido nada. Moshe seguiría
siendo pastor de animales, el pueblo de Israel se hubiese
hundido más en la impureza… y la zarza seguiría
ardiendo sin consumirse…
Sólo tuvo que dar unos pasos, voltear su cara y la
historia fue, la que todos conocemos…
La reflexión es amplia y sencilla. ¡Quien sabe
que nos perdemos por no venir a una tefilá, a un curso
o de participar en algún proyecto de mitzva!
Sólo unos pasos adelante en el cumplimiento de los
preceptos y de nuestra tradición, nos pondrá
en umbral del gran día, con llegada de Mashiaj, pronto
en nuestros días, Amén.
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