Los meshalim 612

El modo en que nuestros sabios llevaron a la práctica los preceptos, nos da una lección a nosotros para nuestra vida cotidiana. Por ello, vamos a citar varias historias que nos ilustren el mensaje.
Sucedió hace ya varios años, que falleció un joven abrej, estudiante de Torá casado, que dejó una viuda y varios hijos chicos. Rápidamente se movilizaron en el barrio para apoyar y ayudar a la pobre mujer. En la conducción de la ayuda, se colocó el Rab Ieoshua Bris z"l, gran erudito y Rosh Ieshiba de Ruzin. Este, se encargó de que no les falte nada y al acercarse la fiesta de Pesaj, comprometió a un abrej para que comparta con la familia el seder y no estén solos, en el primer Pesaj desde el fallecimiento del padre de la familia.
La noche de Pesaj, el Rab avisó a su familia, que se retrasaría unos minutos, ya que al término de la tefilá, pasaría unos minutos por la casa de la viuda, para cerciorarse de que todo este en orden.
Al llegar a la casa de la viuda, se encontró con la sorpresa de que el joven que se había comprometido para hacer el seder de pesaj con ellos, no se presentó.
La mujer se puso a llorar desconsoladamente, diciendo que no podía ella sola hacer el seder.
El Rab no lo pensó dos veces y se sentó el mismo a realizar el seder, del principio al final. Cantaron, comieron y terminaron el seder, apenas media hora antes de la medianoche. Al retirarse, la mujer y sus hijos, no cabían en si mismos de la alegría.
Rápidamente el Rab se dirigió a su casa, donde lo esperaban todos preocupados para empezar el seder.
-Nos queda muy poco tiempo hasta la medianoche para comer el afikomán, luego les explico.
Hicieron todo rápidamente y comieron le afikomán, en la hora indicada.
Al terminar les contó que al no haber llegado el abrej, a realizar el seder con la familia, tuvo que quedarse el.
-Esta bien, pero… ¿tu también tienes familia y que hay con nosotros? También nosotros tenemos que hacer el seder?
Ustedes tienen razón, pero les voy a contar una historia que sucedió con el Jazón Ish, que de ella aprendí a actuar así:
Cuando yo era joven, entraba y salía de la casa del Jazón Ish, como si fuera uno de la familia.
En cierta oportunidad entre con un amigo y el Jazón Ish nos dijo que, fulano de tal, es ya un muchacho grande y hay que ayudarlo para que consiga una chica y se case.
Como era obvio, los dos nos pusimos en contacto con varias personas y pronto el muchacho en cuestión, conoció una chica y decidieron hacer el compromiso, como muchos acostumbran, al principio del noviazgo.
De inmediato le contamos al Jazón Ish y este no sólo se alegró mucho, sino que también pidió, que lo vengan a buscar para participar en el compromiso. Sólo que por ser que no tiene mucho tiempo, nos pidió que lo vengamos a buscar, cuando todo este preparado para empezar la ceremonia.
Así hicimos y cuando ya faltaban unos minutos para el compromiso, fuimos a buscar al Jazón Ish, mientras todos los invitados esperaban la llegada del Rab.
Al llegar a la casa vemos que esta conversando con una pareja de personas mayores y nos dice por intermedio de la gente de la casa, que lo esperemos.
Sólo que pasaron varios minutos, que se hicieron casi una hora y todavía la pareja no se levantaba.
Entre tanto escuchamos que la conversación no era nada privado, ni un tema delicado. Por el contrario, todo se refería a la compra de cierta mercadería para abrir un negocio. Realmente no entendíamos nada. Nos había dicho que no tenia tiempo, ¿y ahora le estaba dedicando mas de una hora, a una pareja de ancianos, aconsejándoles que comprar y que no? ¡Entretanto la gente en el compromiso estaba esperando la llegada del Rab!...
Cuando al fin se levantaron, el Rab tomo su sombrero y salimos juntos , rápidamente, camino al compromiso.
En el camino, el Rab mismo nos abrió el tema y nos dijo: seguro ustedes querrán saber por que los hice esperar a ustedes y mas aun a todos los que están en el salón, para empezar el compromiso y le dedique tanto tiempo a esta pareja…
Les voy a contar: esta pareja, los dos son refugiados del holocausto. Imaginarán ustedes los sufrimientos que pasaron hasta poder llegar aquí a la Tierra de Israel. Sucede que mañana van a abrir un negocio y vinieron a aconsejarse conmigo. Por ser que plata no tengo para darles, me pareció muy correcto al menos, intercambiar opiniones con ellos de que comprar y que no. Así se sentirán un poco menos solos. Es verdad que ustedes y los invitados me estaban esperando, pero… ¿Quién puede decir que esta mitzva sólo recae sobre mi?, ¡Ustedes también pueden participar!, por ello los hice esperar…
De la misma forma actué yo, les dijo el Rab Bris a su familia. Ahora, la mitzva era hacer el seder con la viuda, nuestro seder podía esperar… ustedes también compartieron la mitzva conmigo…