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La
indicación del verano
La perashá de esta semana se refiera a la orden del
todopoderoso, para la creación de las ropas de los
sacerdotes, cohanim. Cuatro el Kohen corriente y ocho ropas,
vestía el sumo sacerdote.
Sus nombres eran:
Del Kohen corriente:
1. Ketonet, camisa larga
2. Mijnasaim, pantalón
3. Migba-at, sombrero
4. Avnet, un cinturón
Del Kohen Gadol, sumo sacerdote:
1. Ketonet, camisa larga
2. Mijnasaim, pantalón
3. Miznefet, un sombrero diferente del sombrero corriente
del Kohen.
4. Avnet, un cinturón
5. Joshen, placa que cubría el pecho
6. Efod, delantal
7. Meil, chaqueta o túnica
8. Tzitz, la faja para la cabeza
Como
acabamos de mencionar una de las ropas se llamaba la túnica.
Esta era toda de color celeste, extraído del pez Jilazon,
ya que su sangre era de ese color. Se vestía de la
cabeza y terminaba con un borde único como una circunferencia,
que debía estar unida en todo momento. Sobre ese borde
se cocieron campanillas de oro, las cuales sonaban al moverse
el sumo sacerdote.
Sobre este borde esta escrito explícitamente en la
Torá, la advertencia de que no debemos romperlo. Resultando
que si alguien lo rompe, recibiría malkut, que son
los latigazos. (Tratado de Ioma, 72.b.)
La pregunta que surge de inmediato es, ¿acaso es necesaria
una advertencia de esta índole? ¿Quien se atrevería
a romper las ropas del Kohen, con toda la pureza que encierran?
Precisamente libro Jinuj, del rab ( ), advierte esta dificultad
en la comprensión del precepto y dice lo siguiente:
"por intermedio de este versículo, fuimos ordenados
a tener mucho temor y cuidado al vestir estas ropas. Debía
el Kohen, vestirse despacio, y con mesura, para que no se
rompa, ni se arruine ninguna parte de la ropa. De esta forma
se les da el respeto debido.
¿Qué mensaje nos deja a nosotros esta explicación?
Creo que la reflexión es muy interesante y práctica.
Estamos aún en época de vacaciones. Hay un punto
en común que nos involucra a todos. Independientemente
del lugar que cada uno eligió para veranear, todos
salimos de nuestro hábitat natural. Ya no estamos en
el barrio que transitamos a diario, la escenografía
ha cambiado. Estamos más sueltos de todo y liberados
de las preocupaciones cotidianas. Al fin y al cabo esta es
la finalidad de las vacaciones, cortar con la rutina y recuperar
fuerzas para el año de trabajo entrante. Lo que no
debe relajarse, es nuestro judaísmo. Esa parte de nuestro
ser no se puede tomar vacaciones ningún día
del año. No podemos permitir que nuestro judaísmo
se vea resentido, por el descanso del cuerpo.
Uno de los elementos más importantes, sobre el cual
debemos apoyarnos, es el rezo diario. Debemos por todos los
medios buscar de reunir minian, 10 personas mayores de 13
años, en el lugar donde estemos y no dejar de asistir,
en ninguna ocasión. Si rezamos en forma individual,
hacerlo en el horario adecuado del shema, por la mañana.
Cuidar el horario de minja por la tarde, ya que es muy corriente,
que tal vez, por pasear unos minutos más, perdamos
el horario del rezo. Igual precaución debemos considerar
para arvit, el rezo nocturno, que por dejarlo para mas tarde,
se nos termina olvidando.
Por ello podemos decir que la reflexión que se desprende
del versículo es muy importante, ya que si leemos en
la Torá que se advierte tener sumo cuidado por las
ropas que se usan para el servicio del gran templo, mas aun
hay que ser cuidadoso por el servicio en si…
Hoy que no tenemos el Gran Templo, nuestros rezos son el equivalente
de las ofrendas de entonces, como lo dice el tratado de berajot,
26.b.
Por ello, podemos decir que si bien no es la misma advertencia,
el tenor y el sentido si es similar. Por ende debemos tener
muy presentes las consideraciones que arriba mencionamos,
para que nuestro rezo diario sea el pilar y el salvavidas
al cual vamos a aferrarnos, para salir a flote espiritualmente
de las vacaciones de este año.
Que el Todopoderoso nos ayude a poder tomar esta consigna
y cuidarla, como se dice comúnmente, a raja tabla:
no descuidar la tefila, el rezo diario tres veces por día.
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