FORUM: Sobre apariencias y esencias (I)

Isaac suplicó ante el Eterno, pues su mujer era estéril, el Eterno aceptó su plegaria y su mujer Ribká concibió. Los hijos reñían en sus entrañas y ella dijo: "¿por qué me sucede esto? y fue a preguntar al Eterno". El Eterno le dijo: "Dos pueblos hay en tu vientre; dos naciones de tus entrañas se separarán; el poder pasará de una nación a otra y la mayor servirá a la menor". Cuando se cumplieron los días de su embarazo, he aquí que había gemelos en su vientre. Los jóvenes crecieron y Esav se hizo cazador, hombre de campo; pero Iaacob era un hombre íntegro que habitaba en tiendas.

En la porción semanal de la Torá, se ilustra la gran diferencia entre los 'mellizos' más famosos del Génesis (¿después de Caín y Abel tal vez?): Esav y Iaacob. El primero era cazador (de acuerdo a algunos comentarios, 'cazar' hace alusión al dominio de la retórica para el engaño de la gente) y el segundo un purificado estudiante de las fuentes. Crecieron en la misma casa, asistieron al mismo colegio, fueron criados por los mismos excelentes padres e instruidos por los mismos maestros. ¿Qué fue lo que pasó? ¿tanta diferencia había realmente entre ambos? Al reflexionar profundamente en las escrituras y en los comentarios al respecto, podremos llegar a conclusiones muy interesantes que nos ayudarán a nuestro desempeño y desarrollo personal diario.

El Rabí S. R. Hirsch en su comentario sobre la Torá, también se plantea el mismo interrogante y responde de la siguiente forma: "Recién cuando Iaacob y Esav crecieron y se hicieron adultos, los padres y la gente se llevaron la gran sorpresa: Se dieron cuenta que aún siendo ambos tan iguales en 'apariencia' eran totalmente diferentes y opuestos en 'esencia'. Es más, si Isaac y Ribká hubieran profundizado a tiempo en la esencia de Esav; si se hubieran preguntado a tiempo cómo conciliar la fuerza física y material de Esav con el servicio Divino, estaríamos analizando ahora un cambio profundo en la historia; pero, no fue así. Todos los hombres son diferentes; y aún así, todos pueden servir desde su esencia al Eterno. ¡Cuidado! Sentar en el mismo banco de estudios a Iaacob y a Esav, educarlos con la mismas costumbres, con el mismo lineamiento cognitivo y ofrecerles el mismo material de estudio, es una garantía absoluta de que 'a uno de ellos' seguramente lo estamos arruinando. A uno lo estaremos seguramente potenciando, pero, al otro, lo sobrecargamos de una manera tal que esperará el día en el que pueda arrojar tras sus espaldas los libros viejos, y junto con ellos, una posibilidad óptima de vivir la vida; una vida que lamentablemente él vio en forma insuficiente desde un solo ángulo y con la mala suerte de haberla visto 'justo' desde un ángulo que es incompatible con él por naturaleza".

Dejarse llevar por las apariencias es perjudicial. Educar sin llegar a las profundidades emocionales del alumno es garantía de fracaso. En la educación de Iaacob y Esav funcionó eso que dicen: Las apariencias engañan. No son todos los niños iguales, por el contrario, todos los niños se pueden parecer pero son diferentes. Y no pasa solamente en el ámbito educativo, en la vida real, es muy difícil por momentos distinguir a las personas que son verdaderamente malvadas. Y a la vez, es más difícil aún distinguir a las personas verdaderamente buenas. Tanto un modelo como el otro aparecen y desaparecen confundiéndonos.

Además, es un lástima que el mundo globalizado en el que vivimos nos ofrezca la visión del hombre justo como una especie de tonto atrasado y fuera de 'moda'; y al malvado como un señor pragmático con muy buenas intenciones. Parafraseando al Rab Dines, y cambiando un poco de área, en una de sus clases de filosofía judía dijo: "El problema es que se ilustra al observante de la Torá como a un judío galútico (de la diáspora), modelo poco atractivo vestido con harapos, dedicado únicamente a lo espiritual, totalmente atrasado y en contraste con la realidad; no así el judío iluminista, hombre pensante y moderno que 'maquilló' algunos detalles de la Torá 'pasados de moda', vestido en sendos y costosos trajes, un hombre muy atractivo que disfruta de la vida y considerado un referente real del (¿neo?) judaísmo. Conclusión: Di-s lanzó el gran desafío para los seres humanos: nos puso en un mundo donde el bien y el mal, no siempre se distinguen de acuerdo con las apariencias".

Un pensamiento sabio y que invita sinceramente a la reflexión. El gran dilema de las apariencias versus las esencias. En todas la áreas de la vida la pregunta es la misma: ¿Ser o parecer? ¿Continentes o contenidos? de eso se trata este artículo... de reflexionar profundamente sobre lo cotidiano. Dicen los Sabios que una buena pregunta (o reflexión) facilita el cincuenta por ciento de la respuesta.

Pensemos tranquilos al respecto y la semana que viene la seguimos...


(Ariel)