Es conocido el entusiasmo con que el Gaón Rab Aarón Kotler z"l, Rosh Ieshivát de Laekwood, Estados Unidos, estudiaba Torá.
Era muy común que al cabo de unos minutos de comenzada la discusión por algún tema de la Guemará, el Rambam, etc. su voz se escuchara en todo el salón. Con toda su fuerza y mucho énfasis defendía su postura y debido a sus grandes conocimientos, no era muy fácil responder a sus preguntas o refutar sus respuestas.
Era sabido por todos que cuando se concentraba en una discusión, no había nada que pudiera distraerlo. Por supuesto que toda otra ocupación pasaba a segundo plano.
Ya desde esa época, se organizaban los diners, que consistían en cenas anuales con la finalidad de recaudar fondos, para el mantenimiento de la Ieshiba, ya famosa entonces y que hoy cuenta con cientos de Abrejim y alumnos.
El Rab Aarón Kotler, ponía mucho énfasis en preparar los diners. Hacía mucho hincapié aún en los más mínimos detalles. Muchos de los aspectos de las mismas eran llevados a la práctica, por el mismo. Supervisando el resto minuciosamente.
Sucedió cierto año, la noche del diners, cuando se estaban ultimando los últimos detalles y ya los invitados estaban por llegar, le apareció al Rab Aharon Kotler, una pregunta muy difícil sobre cierto párrafo del Talmud. A su lado se encontraba un Abrej, al cual le planteó la pregunta y en pocos minutos, estaban los dos involucrados en una discusión muy fuerte. Poco a poco el tono de voz fue subiendo, hasta que se escuchaban sus voces en todo el gran salón. El Abrej daba una respuesta y el Rab la rechazaba y así sucesivamente.
Entretanto comenzaron a llegar los primeros invitados que dirigieron sus miradas al Rab y su acompañante, que con sus voces llamaban la atención de todo el que entraba.
Varios de los organizadores se acercaron al Rab para pedirle que en virtud a que ya llegaban los visitantes, si podía dejar la discusión para otro momento.
El Rab no presto atención a los pedidos y siguió como si nada. Cuando nuevamente le dijeron que ya había muchas personas en el salón y que no era muy linda esta escena. El Rab interrumpió su discusión y les dijo: ¡"Déjenme con el diners, ahora estoy estudiando!"
Sólo cuando encontró una respuesta que lo satisfacía, se tranquilizó y subió al escenario para abrir la noche.
A tal punto llegaba su apego y amor a la Torá.