¡Llegó el día tan esperado por Esav! ¡63 años esperó este momento, con gran ansiedad! ¡Y cuánto se esforzó para ello!
Ya desde el vientre de su madre, como nos cuenta el Midrash, alcanzó un acuerdo con su hermano. El, llevaría todo este mundo material y Iaacob su hermano, todo el mundo venidero, espiritual.
Hasta los 15 años llevaron una vida similar. En la casa de Abraham Abinu, su abuelo, la abundancia y la riqueza que tenía éste, se utilizaba para realizar, recepciones a las visitas con todos los lujos. Una Ieshiva funcionaba día y noche, para atraer a la gente a la Torá. Y como si esto fuera poco contacto con la pureza y la Torá, ángeles visitaban a diario la morada de Abraham Abinu. Lamentablemente todo esto no cambió ni ablandó el corazón de Esav y siguió con su plan materialista.
Una nube, símbolo de la divinidad y la pureza, se establecía siempre sobre la carpa de Ribka, su madre. Como así también las velas duraban encendidas de Shabat en Shabat, milagros evidentes y constantes. Esav, miró para otro lado.
Itzjak, su padre siembra poco y cosecha 100 medidas. Otro milagro evidente, Esav no ve nada.
Su padre es Navi, profeta, su madre profetiza, su hermano estudia todo el día Torá. Esav no ve nada.
Esav eligió otra carrera, el ocio y las malas compañías, así su trayecto y consecuencias, eran inevitables, robo, adulterio, idolatría, asesinato, etc, etc. todo lo que podemos imaginar…
Sólo una cosa le preocupaba, que su padre no se entere de sus actos de baja moral. Día a día lo visitaba con preguntas irrisorias: como se debe sacar el diezmo de la sal (algo que no corresponde), etc…
Su padre le preguntaba, ¿hijo, donde estuviste hoy?
En la casa de estudios, respondía Esav. Y lo abrumaba con preguntas de halajot, para demostrar que sí, estuvo allí.
¿Para qué hacía esto? Sabía que Abraham su abuelo, fue bendecido con bienes materiales, sin límites. Esta bendición fue legada a Itzjak, ahora Esav quería ser el nuevo receptor.
Para esto espero tanto tiempo. Al fin el día llegó, a los 63 años de edad. Su padre lo llama y le dice: "Tráeme de comer y te bendeciré".
¡Qué emoción! Su deseo esta por cumplirse, la espera no fue en vano… La estrategia, el plan dio resultado!
Con todo el entusiasmo sale Esav al bosque y rápidamente atrapa a un ciervo, lo ata y va en busca de más. Cuando logra el segundo lo ata allí y vuelva al primero. ¿Y qué ve? Alguien lo desató y se escapó. Regrese al primero y ve lo mismo…
No importa, otra vez va en busca de su presa, pero… el episodio se repite una y otra vez. Esav no se da por vencido, ninguna "mano negra" arruinará sus planes…
La verdad es que, un ángel intenta demorarlo y así Iaacob pueda tomar él, las bendiciones.
Cuando ya Iaacob se retira de Itzjak. Por fin Esav logra atrapar los animales que precisa y hacerles shejita para preparar los manjares que le pidió su padre.
Allí esta Esav con sus 63 años, no era un niño. Todo el día estuvo corriendo tras los ciervos, que se le escapaban "milagrosamente"y misteriosamente". Luego tuvo él mismo que cocinar… En resumen tuvo un día muy agitado…
Al fin entra en la carpa de su padre anciano y le dice: "Levántate papá y come"…
El exegeta Rashi pregunta y objeta: "Y la palabra por favor, donde esta"... Pero… un momento… ¿Qué quieren del pobre hombre, después de las mil y una que pasó?, ¿Qué hay si no dice por favor?
La repuesta es simple, nada en particular, pero con una sola palabra de menos, demuestra que hubo 63 años de codicia. No hay justificativo alguno para hablar mal y sin respeto. Para meditar.