Llamemos las cosas por su nombre

En la Perashá de esta semana, hay un tema que tal vez pase desapercibido. Claro que también puede para aquel que lea con un poco de detenimiento lo relatado en esta porción semanal, despertar y prender una luz de asombro, por lo aparentemente intrascendente del tema.

La Torá como ya hemos dicho en infinidad de oportunidades, no es un libro de historia. Todo lo que está escrito en ella, tiene como finalidad trasmitir un mensaje para las generaciones futuras.
El tema en cuestión es el siguiente:
La Torá nos relata que Itzjak Abinu vivía en Guerar. Allí le sucedió el mismo padeció lo mismo que su padre Abraham, y tuvo que decir sobre su esposa, que era su hermana, para que no lo maten para llevársela, ya que era muy linda. Paso un tiempo y Abimelej, el rey de Guerar se percató que el trato que había entre ellos no era el de hermanos, sino el de marido y mujer.
De inmediato lo llamó y le reclamó el por que de la mentira y allí fue cuando Itzjak le dijo claramente: temía que me matasen por ella. Abimelej ordena luego que nadie los toque y que quien lo haga será castigado con la muerte.

Así comienza para Itzjak una vida muy fructífera en Guerar. Sólo que no pasó mucho tiempo y comenzaron a envidiarlo. Al punto tal que el ya mencionado Abimelej, le pide que se vaya a vivir a otro lugar.
Aquí es donde llegamos al tema en cuestión. La Torá agrega a todo este tema, que los pozos de agua que habían cavado los esclavos de Abraham su padre, fueron tapados por los filisteos habitantes del lugar. Itzjak Abinu, al irse del lugar para habitar en el valle de Guerar, regresa por donde estaban los pozos que ya mencionamos y los vuelve a cavar, llamándolos con el mismo nombre que les puso su padre. Lo que sigue también es un tema para analizar, ya que el sigue cavando pozos y los pastores de Guerar pelean por los pozos, hasta que en el último no pelean mas.

Mirando los papelitos
Un Rab muy importante en Israel que recibe constantemente gente que lo consulta sobre diversos temas, dijo lo siguiente: previo a que la gente entre a consultarme, me entregan un papel con los nombres de toda la familia, cónyuges e hijos. Cuando leo el papel ya se de que tipo de familia se trata. ¿Cómo lo hago? No vayan a creer que soy un profeta o algo parecido. Muy simple, yo miro los nombres de los hijos. Si son nombres como los de nuestros antepasados, patriarcas, matriarcas y del tanaj, ya se que es una familia que esta orgullosa de su linaje y antepasados y por ende intenta continuar esta cadena milenaria, sin cambiar nuestros nombres. Pero si veo otros nombres, ya se que aquí hay otra cosa. Y prácticamente nunca me equivoco. Ya que aun aquellas familias que estaban alejadas y regresan al camino de la Torá, no sólo cambian sus vidas, sino también sus nombres, al menos entre sus amigos y para hablar con los rabanim, si es que no lo pueden cambiar en el registro civil. En conclusión el nombre dice mucho…

Este es el punto a resaltar en lo que hizo itzjak. El cavó los pozos que había cavado su padre y le puso los mismos nombres que el le puso. ¿Por qué? Para continuar con la enseñanza de su padre. Si el los llamo así, algún motivo debe haber, no soy yo quien para cambiarlo.
Baruj Hashem, Bendito D"s, día a día hay nacimientos en el pueblo de Israel. El tema de que nombre ponerle a los recién nacidos, siempre es tema central en las conversaciones previas al nacimiento e inmediatamente después.

Tengamos claro el objetivo y no equivoquemos al tomar una decisión tan importante. No hagamos como aquellos que buscan en la naturaleza o hasta en la mitología griega para elegir un nombre. Busquemos en nuestra Torá. Continúenos transitando el camino de nuestros antepasados.