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Los
meshalim 647
Nuevamente esta semana leeremos juntos, pequeñas -
grandes anécdotas de nuestros sabios, en las que podemos
apreciar claramente su grandeza y nobleza, en todos los ámbitos.
Siempre hay más de un rasgo para resaltar. En algunos
casos la reflexión esta a la vista, pero aun así
siempre hay una faceta mas para descubrir, luego de un pequeño
análisis. Esta tarea se la dejamos a usted, estimado
lector.
El Rab Jaim de Brisk, se apresura para ejecutar el pedido
del Jafetz Jaim
El afamado erudito Rabí Eljanan Waserman Z"l,
solía resaltar en diferentes oportunidades, la grandeza
del Rab Jaim de Brisk. En cierta oportunidad contó
que se presentó a lo del Jafetz Jaim, un joven estudiante
de Torá, que había sido citado para enrolarse
al ejército ruso. Por supuesto, esto representaba un
peligro físico. Pero también un inminente peligro
espiritual. Siendo así el Jafetz Jaim, envío
a una persona para que le pida al Rab Jaim de Brisk, que interfiera
delante de las autoridades locales, para la anulación
de la cita y la consecuente liberación por parte del
joven, de su compromiso con el ejército.
Cuando el enviado llega a lo del Rab Jaim, este se encontraba
dialogando con unas personas. Pero de inmediato al escuchar
el pedido del Gran Sabio de esa generación, el Jafetz
Jaim, le dijo a los presentes: "sepan ustedes disculparme,
pero debo cumplir con el precepto de escuchar las palabras
de nuestros sabios. Sin perder un minuto, se dirigió
al destacamento militar del lugar y luego unas cortas tratativas,
logró conseguir la anulación del llamado a enrolarse.
Tiempo después se encontró el Rab Eljanan con
el Rab Jaim y este último le confesó: "lo
que pasó en aquel momento, sólo se puede explicar
como un milagro, por el mérito del Jafetz Jaim..."
El
Jazón Ish, se sorprende y dice: ...
Sucedió en cierta oportunidad que un joven estudiante,
muy capaz y que frecuentaba la casa del Jasón Ish,
gran erudito de los últimos años, escribió
un artículo extenso, en el cual su conclusión
era diferente a la obtenida por el Jazón Ish, y por
lo tanto el se permitía disentir con el gran sabio.
Poco tiempo después, publicó este escrito en
una revista local y el tema fue de dominio público.
Un día de aquellos, después de que saliera a
la luz el artículo mencionado, este joven estudiante,
abrej, fue a la casa del Jazón Ish y vio para su asombro,
que en la mesa donde estudiaba el Rab, estaba la revista con
su artículo, ensayo, en el cual como ya dijimos, discrepaba
con el Jazón Ish.
Lo primero que atinó a decirle al Rab, fue que quería
pedirle perdón y que no se enojara con el, por no haber
expuesto su opinión al Rab, antes de ser publicada.
El Rab lo sorprendió con su repuesta: en verdad, aparentemente
tendría que haberme enojado, ya que al menos deberías
haber aprovechado tu posibilidad de entrar y salir libremente
de mi casa, para debatir conmigo el tema.
Pero... ¡qué puedo hacer si en mi "negocio",
el concepto enojarse o indignarse, no existen...
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