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FORUM - Encontrando la plenitud… (Parte IV)
(Viene
de la semana anterior)
Si bien la semana anterior instamos a los lectores al esfuerzo
y a la dedicación, lamentablemente, la filosofía
de buscar el camino más corto para ahorrar tiempo,
está muy arraigada en nosotros: vamos a analizar algunas
de nuestras conductas.
Analicemos
en principio lo que ocurre con nuestro entorno inmediato,
que son aquellos quienes generalmente se ven más perjudicados
a causa de esta viciosa modalidad: Leemos una revista o estamos
con un walkman mientras acompañamos a nuestros hijos
a jugar a una plaza; ensayamos mentalmente una presentación
o una reunión de trabajo mientras desayunamos con nuestra
familia; utilizamos una computadora portátil para leer
el correo electrónico en las vacaciones; hablamos por
nuestro teléfono celular mientras caminamos por la
calle; almorzamos escribiendo y leyendo en nuestra oficina;
etc. ¿Alguien se encontró en alguna de estas
ilustraciones? Estos atajos que consideramos "ahorros
de tiempo" son -en ocasiones- "derroches de vida".
Muchos
métodos de administración del tiempo nos exhortan
a mantenernos alertas a los "ladrones de tiempo":
el exceso de papelitos en el escritorio, tareas realizadas
que no fueron debidamente marcadas, llamados telefónicos
inútiles, una agenda mal organizada; pero ¿qué
hay de los "ladrones de vida"? ¿Qué
hay de todos esos "atajos" que -en nombre de la
productividad, la precisión, la optimización
y la eficiencia- nos permiten hacer más, pero nos llevan
a vivir menos? Otra vez se nos viene a la mente la pregunta
del científico: ¿dónde está el
tiempo que nos ahorró la tecnología? ¿En
que lo invertimos? Lo que ocurre es que en nuestra obsesión
por no perder el tiempo, muchas veces terminamos perdiendo
la vida misma: cuando "cortamos el camino" (equivocadamente)
-de alguna manera- estamos "cortando la vida".
Atentos
a esto, cada vez que estemos a punto de tomar un atajo (cuando
tratemos de hacer dos cosas simultáneamente, estudiemos
la manera de hacer algo más rápido, adquiramos
una tecnología que nos permita ahorrar tiempo, o dejemos
de hacer algo por no considerarlo productivo) detengámonos
y preguntémonos: ¿Necesitamos realmente tomar
el camino más corto? ¿Qué es lo peor
que podría ocurrir si eligiésemos el más
largo? ¿Qué ganamos al cortar camino? ¿Qué
perdemos?
'Qué
valioso es el DAAT' (toma de conciencia) decía siempre
el Rabí Wolbe z"l; 'y sin embargo es el gran déficit
de nuestra generación'. Hay que reconocer que debemos
ejercitar más seguido las facultades de nuestro cerebro.
Personalmente,
y siguiendo los consejos del Musar, llegué a la conclusión
de que debo elegir vivir abundantemente. Por eso, cada vez
que recorro ese bello paisaje, camino a la playa, evito tomar
el puente como atajo. Sé que tomar el sendero más
largo me permitirá disfrutar de más cosas y
lograr el equilibrio en una vida en la que casi todo el tiempo
estoy tomando el camino más corto creyendo que será
más efectivo.
Cuando
me levanto por las mañanas y digo MODE ANI, le agradezco
a Di-s por haberme devuelto el alma fresca y con fuerza. Y
si pienso en algún momento que podría estar
"perdiendo tiempo"… si me dan ganas de buscar lo
corto y lo fácil, entonces me digo inmediatamente que
-muy por el contrario- debo seguir adelante... debo esforzarme
e invertir todos los recursos que tenga a mi alcance; porque
en definitiva… lo que estoy haciendo es: estoy ganando mi
propia vida.
La
vida es bella para quien se esfuerza y se toma el tiempo de
recorrerla y descubrir sus recodos; no para quien vive tomando
atajos. Esa es la verdadera plenitud.
Fin (Ariel)
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