Peor, no podía ser

El conocido erudito Rab Simja Sizel, el Saba de Kalem, sufría al final de sus días de un padecimiento al corazón. A raíz de esto, su semblante era muy pálido, por la mala circulación de la sangre. Así estaba todos los días, salvo en Shabat, cuando inexplicablemente sus mejillas se enrojecían como si ningún mal lo estuviera aquejando. No cabía otra explicación posible, la alegría del Shabat, podía más que cualquier medicamento. Así vivenciaba y sentía el Shabat el Rab Simja.
Por aquel entonces, grandes corrientes de reformistas, acosaban al judaísmo de Rusia y Europa. Los Rabanim y el Rab Simja también, estaban muy preocupados, por el avance destructivo de estas tendencias. De manera constante, declaraban y advertían públicamente sobre el peligro para el judaísmo, que esto representaba.

Un Shabat llegó la noticia de que cierto rabí, como ellos lo llaman, el cual dirigía un movimiento reformista muy importante, falleció. Muchas personas vieron esto, como una señal del cielo, en castigo por su predica contraria a lo escrito en la Torá.
Ese mismo día fueron a contarle al Rab Simja y así saber cual era su opinión al respecto. Cuan grande fue la sorpresa para todos los presentes, al ver que de inmediato al recibir la noticia del deceso de este rabí, su rostro que en Shabat siempre se mantenía rojizo y rebosante de alergia, se empalideció por completo y así terminó el Shabat.
Al otro día uno de sus alumnos se acercó y se animó a preguntarle, cual fue el motivo por el cual perdió la alegría del Shabat. ¿Acaso no era de esperar que recibiera su merecido por tanta maldad espiritual?

La respuesta del Rab, los sorprendió mucho más.
Cuando un iehudí como este se va del mundo, imaginen con que se encuentra. Acá siempre predicó y estaba totalmente convencido de ello, que no hay alma, no hay castigo, no exite la vida después de la vida. Que cada uno puede hacer lo que su conciencia le dicte. También se cansó de afirmar que D"s no tiene una ingerencia directa en lo que realizaba el ser humano y demás afirmaciones contrarias al judaísmo auténtico. ¿Y que ve al irse de este mundo? Muy sencillo, todo lo que negó, sí existe. Hay un alma, hay vida después de la vida. !Todo lo escrito en la Torá es verdad y lo que él afirmaba era mentira.

Yo les pregunto, ¿cómo se sentirá en este momento? ¿Qué grande será su frustración? ¿Acaso no deseará regresar a este mundo para corregir algo de lo malo que hizo en su vida?
Pero lamentablemente, ya todo pertenece al pasado y son hechos ya consumados. Ahora solo debe esperar que D"s le dé otra oportunidad y pueda su alma reencarnar.
Si un iehudí va sufrir tanto, ¿yo no voy a sufrir?

Los griegos, hoy
Cuando culmine este Shabat, sólo faltarán 24 horas para que las luces de Janucá alumbren todo hogar judío. Bendeciremos con gran alegría, "sheasa nisim laabotenu vaiamim ahem vazeman haze", que hiciste milagros en aquellos días, en este momento.
Antiojus, el emperador griego ya no está. Pero si pudiéramos entrevistarlo, al menos por unos minutos, ¿qué nos diría? ¿qué podremos ver? Si sólo saldría de lo mas profundo del abismo espiritual en que se encuentra, con seguridad veríamos su cara de desazón y decepción.
En su vida sólo persiguió el exterminio espiritual del pueblo judío. ¿Y que vemos hoy?

La Torá que quiso tornar obsoleta, cada día se estudia más. En cada rincón del mundo donde hay Iehudím, gracias a D"s, más y más lugares de rezos y estudio se ponen en funcionamiento.
La fe y la confianza en el D"s verdadero y único que quiso erradicar de los corazones judíos, hoy florecen día a día.
Los preceptos divinos que quiso anular por decreto, hoy son parte de la vida de millones de personas.
¿Y donde esta toda esa cultura griega que supuestamente seria eterna? Pobre Antiojus, sólo es asunto de algunos historiadores y amantes de lo antiguo. Mientras la literatura iehudí aumenta día a día y las imprentas no cesan de editar nuevos libros sobre todas las áreas del judaísmo, los documentos de aquel gran imperio y de sus investigadores, sólo suman mas polvo y olvido.
Donde estas tu Antiojus y todo tu pueblo... ¡y donde estamos nosotros los descendientes de los Jasmonaim y los Macabim...
Pobre Antiojus, cada vela de Janucá que se enciende en cualquier hogar judío, aviva más la llama de su sufrimiento. En este caso, si es para alegrarnos.