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Perasha
El secreto del reproche
Cuál
será el; secreto del reproche. Reproche, que palabra
rara, ¿a quien le gusta que lo reprochen? Ya dijo el
Rey Salomón, cada uno cree y esta seguro en su camino,
elección y decisión. Sus fallos son los únicos
correctos. Todos nos planteamos: ¿"quien es él
para venir a poner en duda mi integridad moral"?
En nuestra perasha llega Iaacob Abinu, nuestro patriarca,
escapándose de Esav y con la finalidad de buscar una
esposa en lo de su tío Betuel, hermano de su madre
Ribka.
A la entrada de la ciudad, se encuentra con tres pastores
que están sentados alrededor de una piedra, que tapa
el pozo de agua. Al verlos allí sentados, Iaacob les
reprocha y les dice: Todavía el día muy largo,
no es el momento de juntar el ganado. Den de beber a los animales
y vayan a seguir pastando. El sabía que este día
sería más largo, que todos, ya que debían
completarse las horas que el sol se puso antes, el día
anterior, en el sueño de la escalera. Al preguntarles
que hacer, estos le responden: Estamos esperando al resto
de los pastores, que para que todos juntos podamos hacer rodar
la piedra y dar de beber al ganado ya que pronto se pondrá
el sol y debemos juntar el ganado.
Que diálogo tan amable, ¿cómo fue que
ellos no le dijeron: ¡qué nos vas a enseñar
a nosotros, que somos de este lugar! Todos los días
hacemos la misma rutina. ¿! Desde cuando un forastero
se entromete en los asuntos del lugar…!?
Pregunta el Rab Kaminetzky, z"l. ¿cómo
hizo Iaacob Abinu, para que su reproche sea recibido y aceptado
todavía y le respondan amablemente? ¿Cómo
hizo para que no se enojaran, acaso ya sabían, que
el era Iaacob Abinu.
¿Cuál fue su secreto?," ¡debemos
saberlo! ¡También nosotros queremos que nuestros
reproches sean aceptados!
El Rab, encontró la fórmula. Sólo contiene
dos palabras y son las que utilizó Iaacob Abinu para
abrir el diálogo: Mis Hermanos… con esta apertura de
acercamiento, cariño y respeto, logró su cometido,
recibieron su reproche.
¡Qué importante consejo para padres, cónyuges,
educadores, madrijim! Usar una palabra de afecto al comenzar.
¡Qué gran regalo para toda relación interpersonal!
¡Qué diferente sería todo, si siguiéramos
el ejemplo de Iaacob Abinu!
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