|

¿¡Cómo mi suegro...!?
Cada
semana una faceta diferente. Cada semana un episodio diferente.
El primer hombre. Noaj, Abraham Abinu, Itzjak Abinu, Iaacob
Abinu...
En todos los casos hay un común denominador. En todos
los casos sabemos que no son casos aislados. Todo tiene un
por que, todo tiene un sentido, todo tiene un mensaje. Aún
el mas pequeño detalle, no esta escrito al azar. Por
ello, este tomo de la Torá, bereshit, génesis,
es denominado como el libro recto, iashar. Lo realizado por
nuestros padres es una señal para los hijos. Por ello
invitamos a nuestros lectores a no perder cada semana, la
oportunidad que la Torá nos brinda de conocer la vida
de nuestros patriarcas en sus aspectos trascendentales, llenos
de enseñanzas, mensajes y ejemplos de vida.
Hoy les brindaremos otra perla, de esas preciosas vidas. Pero
ustedes no se detengan busquen, que encontraran mas...
Iaacob
llega a jaran para casarse con Rajel. Era la esposa que tenia
destinada del Cielo y así todos decían, Lea
se debe casar con esab y rajel con Iaacob.
Es decir que Iaacob va muy seguro de lo que tiene que hacer.
Por suerte para el no cabían las dudas que aquejan
a muchos jóvenes hoy, que casi terminan optando o al
menos se les cruza por la cabeza que la única forma
de saber, si "es o no es" "That is the question"
es... "deshojando una margarita". No es para reírse,
muchos se desvelan por muchos días.
Pero aquí no había duda alguna como ya dijimos,
pero había un problema mayor y se llamaba Laban, el
padre de Rajel. Vaya suegro le toco al pobre Iaacob. Muchos
se quejan de la suegra que les cayó en suerte, pero
¡qué dirían de un suegro como Laban!
Iaacob sabía, de que se trataba. Tenía antecedentes,
un gran prontuario que le dicen.
Por
ello se acercó y le dijo, aproximadamente con estas
palabras y de esta forma:
-Querido tío Laban, quiero casarme con Rajel, a cambio
trabajaré siete años.
-No hay problema, querido sobrino, mejor dártela a
ti que a otro...
-Si pero tío, yo quiero a Rajel tu hija (que no me
vaya a dar otra Rajel, pensó para sus adentros)
-Por supuesto Iaacob querido, como seria de otra manera...
-Tío, escucha bien me estoy refiriendo a la mas pequeña
de tus hijas, que se llama Rajel!
-Pero claro Iaacobcito, ya entendí, o crees que estas
hablando con un niño. Hombres como yo cuando damos
una palabra, no hay nada en el mundo que nos haga cambiar
de decisión. La palabra, es la palabra. Quédate
tranquilo, tú trabajas siete años y yo te doy
a mi hija Rajel la pequeña. ¿No es lo que tú
quieres? ¡Confía en tu tío! ¡Entre
familiares no nos vamos a pisar el palito... como se dice
comúnmente...
Iaacob no fue tranquilo. Algo le decía que aun... no
estaba todo dicho...
Siete
años pasaron de arduo trabajo. Gran sacrificio, sólo
para cumplir con su palabra de trabajar lealmente...
En el último encuentro antes del casamiento, le dijo
a Rajel:
-Mira, todo va bien, pero algo me dice que aun deberíamos
combinar algunas señales entre nosotros, por las dudas
que...
Así hicieron, pero no resultó. Luego de la fiesta,
Laban le dio a Lea, su hija mayor, en lugar de Rajel...
(Aun que no es el tema de hoy pero sepan que Lea era para
Esav, solo que tanta Tefilá hizo a D"s, para que
no tenga que ser la esposa de un perverso como Esav y si de
un justo, y recto como Iaacob... sus pedidos se escucharon
y quedo como esposa de Iaacob, sin que este pudiera hacer
algo...)
Iaacob se percató por la mañana que era Lea,
aún las señales que combinaron entre ellos,
Rajel tuvo que dárselas a su hermana, al ver que no
tenía alternativa alguna, y Lea estaría con
Iaacob...
-Que no se avergüence mi hermana... dijo Rajel...
Esta
es la historia que la Torá nos relata. Pero pongámonos
una mano en el corazón y respondamos a la siguiente
pregunta: ¿cómo hubiéramos reaccionado
si nos hubiera sucedido algo así?
¿Nos cambian la mujer por la que tanto trabajamos y
luego de haber realizado un pacto de hombres?...
En antaño no habría otra solución que
batirse a duelo. Si, el honor y la palabra no se manchan,
sólo la sangre lo puede limpiar, dirían los
caballeros del pasado...
Hoy al menos, nos iríamos de boca y luego de manos,
¡y de cuántas manos!
Si no nos separasen, alguno termina en el hospital, yerno
o suegro, cuñados o amigos del novio...
Saben que hizo Iaacob? Lean
-"Y dijo Iaacob a Laban: ¿por qué me engañaste?
¿Acaso no te trabajé por Rajel?...
Así de sencillo, sin levantar la voz, sin exabruptos,
golpes, ni ofensas...
¡Qué dominio de si mismo! ¡Qué fortaleza
verdadera!
¿Seríamos capaces nosotros de incorporar a nuestra
vida cotidiana, algo de esta demostración de ser humano
auténtica y real? Y pensar que este es sólo
un pequeño punto para aprender...
|