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Guía de ruta
Un
pequeño análisis de los diferentes sucesos y
episodios, que tuvieron a los patriarcas y a sus inmediatos
descendientes, nos puede dar como resultado un sorprendente
paralelo y a la vez un mensaje muy profundo. El camino a seguir,
ya lo han trazado nuestros patriarcas. A nosotros sólo
nos resta mirar con detenimiento y aplicarlo en nuestras vidas.
Vamos a analizar, la vida de Iaacob nuestro tercer patriarca.
Su nombre, es también Israel y nosotros sus descendientes,
nos llamamos Pueblo de Israel, en su nombre.
El
comienzo: sesenta y tres años, no salió de su
lugar de nacimiento. Allí, estudio Torá sin
interrupciones con el grandes maestros que fueron su papá
Itzjak y su abuelo Abraham. Allí recibió el
nombre de ish tam, hombre completo, sencillo y que busca la
perfección. Todos los secretos de la Torá, le
fueron revelados.
Luego vinieron días difíciles. Esav su hermano
lo persigue para matarlo. Laban su suegro y tío, también
quiere eliminarlo. Otra vez Esav va a su encuentro para matarlo
y esta vez con 400 hombres, imposible de salvarse...
Luego problemas con sus hijos. Dina su hija, es tomada por
la fuerza. Sus hermanos Simón y Levy, deben pelear
con toda una ciudad, para liberarla. Lo logran, matando a
todos sus hombres. Luego, la venta de Iosef, que para Iaacob
se presentó en un momento como su desaparición
física definitiva... duelo continuo e ininterrumpido.
Pero
en la perasha de esta semana, todo cambia 180 grados. La familia
se reúne bajo el gobierno de Iosef, como virrey de
Egipto. Comienza un periodo de benevolencia para nuestro patriarca
y guía de vida. Diecisiete años vivió
Iaacob nuestro patriarca en Egipto y la Torá lo considera
y resalta como si toda su vida fue igual de tranquila y placentera.
Luego fallece en Egipto y sus hijos, con Iosef a la cabeza,
lo llevan a Israel para enterrarlo en Mearat Hamajepla, la
cueva donde están también los demás patriarcas.
De este modo cumple con lo prometido a su padre de no dejarlo
en Egipto y se cierra una época.
Nosotros
hoy
Si este pequeño resumen de su vida la trasladamos a
las épocas posteriores, podríamos trazar el
siguiente paralelo: el primer periodo de su vida, es comparable
a la época del primer Bet Hamikdash. Durante ese período,
el pueblo de Israel vivió con tranquilidad en su tierra
y pudo dedicarse a la Torá y los preceptos. Luego vino
un período intermedio, donde Esav está al acecho
como lo estuvo con Iaacob. Pero así como nuestro patriarca
se refugio en el estudio de la Torá 14 años,
lo mismo sucedió con los Iehudím durante los
mas de 400 años que el segundo Bet Hamikdash, gran
santuario estuvo en pie. Estábamos dominados alternadamente
por griegos y romanos. Solo la Torá nos mantuvo en
pie... En esa época surgieron grandes sabios como Anshe
Keneset Haguedola, Bet Hilel y Bet Shamai, entre otros grandes.
400 tribunales había solo en Jerusalem, para que tengamos
una idea de la magnitud del crecimiento en Torá de
ese periodo de nuestra historia.
Luego como ya dijimos, sobrevino una tercer época en
la vida de Iaacob. Los sufrimientos y las persecuciones de
lavan y la última arremetida de Esav. Este, al decidir
no matarlo, quiso al menos morderlo y fingiendo un abrazo
de hermanos, intentó hacerlo pero sin éxito,
gracias a que el Todopoderoso recubrió su cuello con
mármol...
Hoy
estamos viviendo esa misma época. Los pueblos que nos
rodean de repente, como Esav, nos reconocen como pueblo...
Tenemos derecho a tener un estado... ¿pero la tranquilidad?
Lejos esta de alcanzarse lamentablemente... la persecución
no solo es física, también la es espiritual.
No con gran facilidad se avanza en el judaísmo. La
asimilación cobra cada día nuevas victimas...
todo aparenta ser muy cordial, la unión se hace inevitable...
pero los resultados están a la vista...
Debemos buscar que se cumpla la última parte de la
vida de Iaacob. Donde toda la familia se une, bajo el mandato
del que representa al estudiante de la Torá. Debemos
regresar a la única fórmula con éxito
asegurado y es el estudio de la Torá...
Recién entonces vendrán los años de tranquilidad
y veremos la llegada del Mashiaj amen.
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