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Perasha 606
El depósito más preciado
Esta
escrito en la Mishná: Aquel que esta despierto en la
noche y el que anda solo en el camino, merece ser castigado
con su vida". El Rabenu Obadia de Bartenura (año
5200) explica: la noche es el momento donde los espíritus
y almas dañadoras dominan. Los caminos son por si mismos,
lugares de peligro constante. Al juntarse los dos factores,
dan como resultado, una situación extremadamente peligrosa.
Por ende el ser humano no debe exponerse, si lo hace debería
pagarlo con su vida.
Sólo que al leer los primeros versículos de
la Perasha de esta semana, vemos que alguien aparentemente,
trasgredió esta indicación. ¿Quién?
Iaacob Abinu, la Torá nos cuenta que entrada la noche,
este abandonó el campamento donde estaban sus hijos,
esposas y toda su riqueza y volvió a cruzar el puente
que lo separaba del lugar del que habían llegado. Y
efectivamente como dice la Mishná: puso en peligro
su vida. El ángel representante de Esav, entabló
una fuerte pelea con él y casi lo vence. Iaacob, pudo
dominarlo hasta el amanecer y ahí el ángel debía
partir para alabar a D"s como todos los días,
junto a los demás ángeles y le pidió
a Iaacob que lo suelte. Aparentemente Iaacob era el vencedor.
Pero antes de partir, el ángel lo golpeó en
el muslo, dejándolo rengo de esa pierna, hasta que
luego salió el sol y se curó.
Cabe preguntar: ¿Para qué regresó Iaacob
sobre sus pasos? El exegeta Raíz (año 4800),
nos responde con el midrash que dice que volvió por
pequeñas vasijas. Pero... más aún crece
nuestro asombro ¿Acaso con todo el dinero y la riqueza
que poseía Iaacob, tenía que poner en peligro
su vida por unas vasijas?
Contesta el Arizal (año 5294), que Iaacob Abinu se
refirió y consideró a todo lo que poseía,
como un regalo divino. Por lo tanto, él entendía
en su categoría, que quien recibe una copa del rey,
directo de su mano como regalo ¿Acaso no debe dar la
vida por ello? ¡Que pensamiento tan altruista!
Es verdad que nosotros no estamos en esa categoría
y por ende recae sobre nosotros lo dicho en la Mishná,
que no debemos hacer ninguna de las acciones hechas por Iaacob
Abinu y por poner en peligro nuestra vida, por nada. No consideramos
ni atribuimos todo lo que tenemos, con el 100% de nuestros
sentidos al Todopoderoso
Pero hay algo que sí atribuimos 100% a D"s y sabemos
sin duda que de Él depende: nuestros hijos.
Sabemos que son el tesoro más preciado que tenemos.
Almas puras, enviadas por D"s directo a nuestras manos.
Somos nosotros los padres, los principales y por que no casi
los únicos responsables de su educación y su
crecimiento espiritual. Es nuestra responsabilidad encaminarlos,
en el sendero que nos trazaron nuestros Patriarcas.
Por suerte, no debemos poner nuestra vida en peligro para
educarlos. Sí tenemos que orientarlos hacia la luz.
Escoger con mucho cuidado en que escuela los anotamos. En
compañía de quienes estarán todos los
días, en la escuela a la que asistirán. Donde
y con quien compartirán sus momentos de distracción
y diversión.
Esta es nuestra función, cuidar las joyas que nos
dieron para cuidar. De nosotros depende.
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