FORUM - Encontrando la plenitud… (Parte III)

A propósito de los atajos. A muy pocos metros de mi casa, hay un sendero que atraviesa un extenso parque muy florido y arbolado, que luego bordea una laguna y finalmente desemboca en una playa al río. Recorrer ese sendero es una de las experiencias más bellas que ofrece el lugar donde vivo. Recientemente, se inauguró un puente que permite llegar a la playa en mucho menos tiempo que al tomar por el sendero. Al ofrecer un acceso directo, permite ahorrar casi 'una hora' de recorrido. Y para ser franco, desde que fue construido este puente, casi todas las personas que salen a realizar ejercicios y a pasear por el lugar, lo toman.

La última vez que fui a la playa, para ser franco, decidí también yo ir por el puente y no por el sendero como acostumbraba y comprobé que el recorrido hasta el río ciertamente se acortaba: el puente era un "atajo" muy conveniente, que permitía ahorrar una amplia distancia. Sin embargo, al analizarlo fríamente, ese ahorro también tuvo su costo. La frescura del parque fue reemplazada por el calor abrasador del cemento; la variedad de colores de las flores y las aves fue sustituida por el tedio de las barandas de acero y el gris de esa construcción; en lugar de sentir el aroma de los árboles, me encontré respirando el humo de los vehículos que atravesaban el puente por el otro carril. Llegué a la conclusión que por el hecho de tomar el camino más corto para llegar en el menor tiempo posible, perdí gratas experiencias.

Al reflexionar sobre esto, no puedo evitar preguntarme: ¿Por qué tantas personas eligen ir por el puente? ¿Por qué alguien cuyo propósito es disfrutar de una actividad al aire libre, relajarse y ejercitarse, querría hacerlo en el menor tiempo posible? ¿Cuál es el sentido de "acortar" un buen momento? Puedo entender la impaciencia en una sala de espera de un consultorio, o en la fila de un banco, pero me cuesta entenderla en un momento de renovación, de goce. Todos enfrentamos presiones, urgencias, responsabilidades y compromisos que nos exigen "tomar el camino más corto" para ser más productivos, para obtener aquello que necesitamos, o para cumplir con una tarea a tiempo. Pero estas exigencias no están presentes en todos los momentos de nuestra vida, por lo que "tomar atajos" no debería ser una regla en todo aquello que hacemos.

Esto me recuerda al relato del Talmud en el que un Rabino se encontró con un niño y le preguntó: ¿por cuál de los dos caminos se llega a la ciudad? A lo que el niño respondió: El de la derecha es corto pero largo, y el de la izquierda es largo pero corto. El Rabino sin dudar tomó el camino de la derecha, pero, para su sorpresa el camino estaba cerrado y tenía que rodear por otro camino muy largo. "Le dije que ese camino era corto pero largo" le dijo el niño al Rabino cuando volvió sobre sus pasos… A veces tenemos la sensación de que lo corto, lo fácil y lo rápido nos seducen demasiado. Enfrentar el día a día requiere de una programación. Nuestras cosas requieren atención, análisis y pensamiento… cosas que a veces nos cansan. Como aquel siervo que siempre está tranquilo, ¿saben por qué? Porque no tiene ni siquiera que pensar sobre lo que va a hacer en el día; su amo decide por él y le ordena la tarea.

La plenitud está en el trabajo y en el esfuerzo. En contemplar lo que hicimos mientras nos secamos las gotas de sudor de la frente. No en el LLAME YA. El éxito es un reflejo del esfuerzo que invertimos en la tarea realizada. Seguramente vimos a alguien ejercitándose en un gimnasio: ¿cómo crecen los músculos? Cuando hay resistencia… allí, en el momento de mayor esfuerzo y dolor es donde crece; no en ese mismo momento con las mancuernas en la mano; no… hay que esperar… pero crece. Ojo con los atajos y ojo con evitar el esfuerzo, el sudor y el dolor; allí es dónde se crece.
Continuará… (Ariel)