Discurso
de Bar-Mitzvá
puedes imprimirlo y
leerlo en tu bar mitzva.
Con
el permiso de mis queridos Abuelos, Padres y todos los
presentes.
Hoy es un día memorable e inolvidable para Mí, ya que a
partir del momento que cumplo los 13 años, soy mayor de edad
y me convierto en un miembro activo de la Comunidad.
Ser mayor de edad es conceptuado y considerado por la sociedad
en general, como el primer paso a la libertad personal. Es el
día en que comienza el joven a desvincularse de sus Padres, a
decidir su propia vida y no tener que rendirle cuentas a
nadie. Este día es el punto de partida para independizarce y
moverse sólo en el Mundo.
De acuerdo a nuestra Fe y Torá el concepto es diferente. El
Bar-Mitzvá es responsable de todos sus actos, desde este día.
Contrae aun mas obligaciones como respetar, escuchar y no
contradecir a sus Padres todos los días de su vida, entre
otras. Es libre, pero no en el concepto que hoy escuchamos, el
cual sólo lleva a lo que conocemos como el libertinaje. Se es
libre dentro de los parámetros y los preceptos de la Torá.
Al cumplir con los Mandamientos Divinos en realidad uno es
libre, ya que no hace lo que la moda o el aviso del momento le
indican, sino lo que realmente uno quiere y es cumplir con la
voluntad de su Creador.
Es por lo tanto coherente que soy llamado Bar-Mitzvá, Hijo
del Precepto, ya que de hoy en más, debo cumplir con mi
cometido en la tierra y es demostrar al mundo, quien es el
verdadero Hombre Libre, el que respeta la Torá.
Los Tefilin se colocan uno sobre la sien y el otro en el brazo
cerca del corazón. En todo acto el ser humano acciona el
cerebro y el corazón, se diría que el yo de uno mismo, se
encuentra en estos dos órganos. Por lo tanto los colocamos
cerca de ellos los Tefilin, ya que así deben estar siempre
unidos al Ser Humano para el bien. Corazón y cerebro deben
proyectar y ordenar sólo acciones positivas, de acuerdo a la
voluntad Divina. Esta es la ÚNICA VÍA PARA QUE ENCUENTRE EL
Ser Humano su verdadera identidad y libertad.
Son los Tefilin pues, el estandarte de nuestro Pueblo, los
cuales debemos llevar a todas partes y así no olvidar nuestra
condición de Hijos del Todopoderoso, que nos responsabiliza más
aún, sobre cada uno de nuestros actos, ya que El que todo lo
ve.
Para culminar mis palabras, quiero agradecer a mis Abuelos que
tanto quiero, Tíos, Tías y demás presentes, por acompañarme
en este gran día. A mi querido Moré que tanto puso en mi
preparación. Por último a mis queridos Padres y Hermanos, a
los cuales les debo todo. Espero no defraudarlos ya que tanto
desvelos y esfuerzos han invertido en Mí.
Pido al Todopoderoso que los colme de dicha, salud y
prosperidad y pronto veamos la salvación final. Amén.
|