La palabra Divina dio origen a la Creación. Todo lo que existe en el Universo, desde los astros y estrellas hasta el Hombre, pasando por el reino mineral, el vegetal y el animal, fue obra de las diez expresiones del Altísimo. "Que haya luz". "Que la tierra haga brotar vegetación!"...

Sublime lección se da al hombre ya desde el Génesis!: la palabra puede construir mundos. Y el rasgo distintivo que el Creador otorgó al ser humano por sobre cualquier otro ser viviente en la Tierra es justamente la palabra, síntesis y expresión de su intelecto. El hombre, como "ser parlante", tiene el poder de construir con su palabra, de mejorar el mundo y de santificar su existencia.
La más alta manifestación de la palabra es sin duda la plegaria, uno de los tres pilares sobre los que el Mundo se sostiene, junto al estudio de la Torá y la práctica de Jesed (bondad) con el prójimo (Pirke Avot 1:2) Por medio de la plegaria agradecemos, alabamos y pedimos al Eterno por nuestras necesidades personales y comunitarias. El alma del judío al orar, trasciende su prisión física y sus ataduras materiales y se une con su Fuente Suprema.
Un poderoso motivo por el cual la tefilá requiere de una clara enunciación de las palabras y no como muchos acostumbran a hacer, de una mera lectura con los ojos sin pronunciar con los labios, es que siendo la plegaria el anhelo más profundo del alma, debe expresarse de la forma más representativa para la mente humana o sea por medio del habla inteligente.

Dirigase a Shajarit o a Shabat


EL CANTO DE LOS ANGELES

Los humildes, Abrahám, Yitzják y Yaacob, enseñaron cómo orar a sus descendientes y cómo despertar al mundo entero la presencia de DäS con sus oraciones. El universo esta dormido, por así decirlo, antes de que los Patriarcas los despertaran con sus oraciones. Ellos animaron inclusive a los ángeles para elevarse a nuevas alturas.
El Bet Yosef en su comentario al Túr Shulján Arúj (oraj chayim112) cita en forma extensa las palabras del Shibolé Ha-Léket que alude un Midrash Agadá que examina el origen de nuestra oración. El Talmúd (Meguila 17b) enseña que los ciento veinte Sabios, que en su conjunto fueron llamados los Sabios de la Gran Asamblea, compusieron las 18 bendiciones de la Amidá.

El Midrash, sin embargo, revela que la Gran Asamblea no inventó las bendiciones, sólo amplió temas anteriores. Los primeros que en realidad dijeron oralmente estas 18 bendiciones fueron los ángeles del servicio, en respuestas a las acciones heroicas de los Patriarcas y sus descendientes:

  • Cuando Abrahám fue salvado del horno de Ur Kasdím, los ángeles de servicio cantaron:"Bendito seas, Ha-Shém, Escudo de Abrahám"
  • Cuando Ytzjak fue salvado del sacrificio en la Akedá, los ángeles cantaron: "Bendito seas, Ha-Shém que resucitas a los muertos".
  • Cuando Yaacob se acercó a las puertas celestiales de la misericordia y santificó el Nombre del Santísimo, Bendito sea El, los ángeles del servicio cantaron: "Bendito seas, Ha-Shem, El D-S Santo".
El Midrash examina todas las bendiciones del Shemoná Essré, demostrando como los acontecimientos claves de los Patriarcas y su descendencia inspiraron a los ángeles a cantar las 18 bendiciones. En nuestro comentario sobre las bendiciones indicamos estos acontecimientos.