La semana pasada, reflexionamos sobre la tarea que debemos hacer en vistas a la festividad de Jag Hashabuot, por lo que íbamos a elaborar a partir de esta entrega, una estructura de trabajo progresivo. Nuestro objetivo es claro: Trabajar internamente con criterio y conciencia, para poder llegar en estos 49 días de Omer, al máximo nivel espiritual de: 'anhelar vehementemente la llegada del día de Shabuot'.

Está escrito en el Tratado de Abot (1-12): "Hilel solía decir; procura ser como los alumnos de Aharón; ama la paz y búscala, ama a los hombres y acércalos a la Torá". Preguntamos: ¿Hilel era así en su vida privada? La respuesta es: Seguro que era así.

El Talmud nos relata que alguien apostó una vez cuatrocientas monedas de oro a que conseguiría enfurecerlo. Era víspera de Shabat y Hilel se preparaba para recibir el santo día. El hombre en cuestión se precipitó hacia su casa gritando: ¡Hilel! ¿Dónde está Hilel? El Príncipe interrumpió sus preparativos, se vistió y fue al encuentro del que le buscaba. ¿Qué quieres hijo mío? preguntó. Quisiera hacerte una pregunta: ¿Por qué son redondas las cabezas de los Babilonios? Hilel, que era Babilonio, contestó sonriendo: Hijo mío, me acabas de hacer una pregunta muy profunda y voy a contestártela. Es porque sus parteras son incompetentes y cuando nace el niño, no saben darle la forma correcta a la cabeza. El hombre no contestó nada, pero al cabo de un momento volvió a preguntar: ¿Por qué es turbia la mirada de los Tarmudeos? Hilel le respondió: porque viven en comarcas arenosas. Al rato, el hombre volvió y preguntó: ¿Por qué tienen los pies planos los africanos? Armado de su inagotable paciencia, Hilel se tomó la molestia de satisfacer su curiosidad: porque viven cerca de tierras pantanosas. ¡Aún tengo muchas preguntas por hacerte, prosiguió el desconocido, pero temo que te enfades! Pregunta, hijo mío, pregunta todo lo que quieras saber... obviamente, este hombre perdió sus cuatrocientas monedas de oro, ya que no logró ofuscar al Príncipe de Israel. Hilel terminó diciéndole: 'En adelante, procura ser más prudente, hijo mío, si no quieres volver a perder cuatrocientas monedas de oro, pues no conseguirás que Hilel se enfurezca'.

Hilel nos enseña que el hombre, por naturaleza, sólo puede alcanzar su integridad viviendo en sociedad. ¿Pensamos alguna vez en el estado de dependencia de los seres que habitan nuestro mundo? El hijo del hombre es quien más tiempo permanece en estado de dependencia. Los animales, prescinden de su madre al poco tiempo de nacer; en cambio, el hombre necesita de largos años en compañía de sus padres para su cuidado, asistencia, alimento y educación. Necesitamos de la compañía y la unión.

Fue una gran suerte para Israel tener un líder como Hilel tan lleno de dulzura, en aquellos tiempos violentos de disturbios y tristeza. El supo guiar la nave de la enseñanza de la Torá, evitando los arrecifes, y logró conservar la Ley de la Torá para las generaciones siguientes. Todos juntos seguro podemos construir nuestro futuro como pueblo, y para hacerlo satisfactoriamente, debemos tener un amor sincero por nuestro prójimo. Gracias al amor sincero, logramos entender el punto de vista ajeno en lugar de conformarnos ciegamente con el nuestro.

Debemos construir estas relaciones armoniosas, empecemos por acercar a los demás e invitarlos a que tomen el camino de la Torá. 'Sólo la luz de la Torá hará retornar a quien se encuentra alejado' dicen nuestros Sabios; pues: "Los caminos de la Torá son caminos de dulzura y todos sus senderos conducen a la paz" (Proverbios 3:17).
PASO 1: El acercamiento hacia el prójimo en base al amor sincero.

(Ariel)

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