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PROCESO DE PAZ
"Si un hombre formulare un voto a Hashem o hiciere
un juramento estableciendo una prohibición sobre
sí, no violará su palabra. Conforme a todo
lo que salga de su boca hará" (Bamidbar/Números
30:3).
Podemos
explicar este versículo a través de las palabras
de nuestros Sabios en el Talmud (Trat. Nidá) de que
una persona hace un voto en el momento de su nacimiento
de que será un tzadik (justo) y no un rashá
(malvado). De modo que "Si un hombre formulare un voto
a Hashem o hiciere un juramento estableciendo una prohibición
sobre sí", significa que cuando, al nacer, juramos
ser tzadikim y abstenernos de aquello que la Torá
prohíbe, "todo lo que salga de su boca hará";
nunca debemos violar ese juramento y sí cumplir nuestra
promesa de llegar a ser una persona íntegra. Esta
esclarecedora interpretación debiera ser un axioma
en nuestras vidas.
Muchas
veces, a lo largo de la vida, nos encontramos en diversas
situaciones, tanto buenas como malas, con pruebas y sinsabores
todos los días y, frecuentemente, nos preguntamos
de dónde sacaremos las fuerzas para continuar. La
respuesta es que uno puede perseverar por medio de la fe
y, a fin de hacer aflorar esta fe desde lo más recóndito
de nuestra alma, debemos ser concientes del origen de nuestra
fuerza. A quien carezca de una buena base de fe en el Todopoderoso
le faltarán los elementos para enfrentar los desafíos
que se le presenten con una actitud de Torá. Si sólo
nos imagináramos frente al Tribunal Celestial haciendo
votos de ser justos y no malvados, eso nos ayudaría
a mantener la promesa formulada al llegar al mundo. Es lamentable
que lo olvidemos tan pronto.
A
menudo nos reprochamos por no estar en el mismo nivel en
que estábamos en etapas más tempranas de nuestra
vida. Se suele oír: "Oh, si yo pudiera regresar
a cuando tenía 15 años, o a mi bar-mitzvá.
En esa época yo hacía todo lo que se debe
hacer, pero ahora, míreme, estoy tan alejado que
ya no puedo ser tan bueno como antes". Recordemos que
tenemos toda una vida para cumplir aquella promesa original
y que el momento justo es ahora. La Torá dice: "Banim
atem l'Hashem", vosotros sois los hijos de Hashem,
y así como un hijo siempre es perdonado por sus padres,
de la misma manera Hashem siempre nos perdonará si
nuestro arrepentimiento es auténtico.
La
imagen de estar parados frente al Trono Celestial sirve
para recordarnos nuestro origen real. Conforme entramos
en el período de las Tres Semanas, hay otra imagen
positiva que puede alentarnos en la vida. Es la del Sagrado
Templo que una vez estuvo en pie con todo su esplendor en
Jerusalem. Mientras recordamos el Templo, podemos apreciar
la singular grandeza del pueblo judío. El Templo
no es meramente un pensamiento abstracto sino parte integral
de nuestras vidas y sabemos que en el futuro será
restaurado a su antigua gloria. Al menos tres veces por
día pedimos en nuestros rezos que sea reconstruido,
pues nos damos cuenta de que sin él nuestra vida
como judíos no está completa. El Templo era
una fuente de luz espiritual para todo el mundo, ayudaba
a poner todas las cosas en perspectiva y a recordarnos permanentemente
que debemos buscar y seguir siempre el camino de Hashem
y mantenernos cerca de Él.
Sabemos
que una de las razones por las que fue destruido es el sinat
jinam, el odio infundado. Nuestros Sabios nos enseñan
que será reconstruido con ahabat jinam, amor
ilimitado por todos nuestros semejantes. Todos somos responsables
de ayudar a reconstruir el Bet Hamikdash. La pregunta
es cómo hace cada uno nuestra parte. Mediante actos
de bondad, acercándonos a esa persona de la que estábamos
alejados y haciendo las paces con ella, llamando o visitando
a los que están muy solos (especialmente ancianos),
visitando enfermos, etc. Solamente imaginemos si antes del
9 de Ab cada uno de nosotros hiciera las paces con alguien
con quien previamente tenía alguna enemistad. Esto
seguramente tendría un efecto muy positivo en centenares
de miles de personas. ¡Cuánto espera Hashem
la unión de todos Sus hijos! Que en mérito
de nuestras buenas acciones veamos pronto la Redención
final con la llegada del Mashíaj. Amén.
(Basado en Rab D. Goldwasser-Jewish Press)